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La cirugía de la Palabra de Dios

El hombre necesita la cirugía de la Palabra de Dios para que en nuestros corazones se produzca un cambio y nuestras vidas sean transformadas.  La Palabra de Dios penetra y corta lo que no sirve y nos sana interiormente.

Hebreos 4:12-16

Hay una mujer que tiene el record Guinness de 49 cirugías estéticas. El afán por verse mejor pasa por los bisturís de los expertos. Bueno, hoy también nosotros vamos a entrar a un “quirófano”, el de la palabra divina, porque ninguna operación será más importante que esta para la vida.

Cuando el soldado romano se vestía con toda la armadura, tomaba en su mano izquierda el escudo y en la derecha la espada. Esta era su única arma de ataque. La espada a la que se hace alusión era corta y de doble filo.

Los que describen las sangrientas batallas, en los llamados combates cuerpo a cuerpo, sabían que aquella espada penetraba haciendo cortes (como carnicero) hacia arriba y hacia abajo. Solo podemos imaginarnos cuán poderosa era aquella arma del soldado. Pablo, por ser casi siempre un prisionero romano, conocía muy bien esa espada, hasta comparar la palabra de Dios como la “espada del Espíritu”. ¿Qué quiso decir con esto?

Por un lado, que la Biblia no es nuestra espada sino del Espíritu. Esto significa que el mango de la espada es empuñado por el Espíritu Santo. Por lo tanto, la única manera que la palabra obre es que sea maneja por el Espíritu. De manera que cada vez que utilizo la Biblia, sea para mi devoción personal o para llevar a otros a que conozcan al Señor, debo asegurarme de que esta palabra esté en las manos correctas, las del Espíritu. Y para mostrar un texto que haga justicia a la acción de la palabra de Dios como espada, Hebreos 4:12 es la más completa descripción con sus profundos significados para hablarnos de lo que debe hacer la palabra de Dios una vez que la conocemos y la vivimos.

Las dos visiones que uno tiene de este símil es el trabajo que hace con nosotros y como arma de combatimos al enemigo y la que usamos para la evangelización. Hoy vamos a verla como un “bisturí” que corta la vida.

Veamos el contenido de su naturaleza para cortar

Está viva

En este contexto, “la palabra de Dios” se refiere a toda la revelación hablada y progresiva de Dios, incluida la que vino a través de Su Hijo (Jn. 1:1; He. 1:1).

El contexto habla de la desobediencia de Israel a esa palabra, dejando la idea que aquella era una palabra muerta de allí que el autor de Hebreos nos va a decir que la Biblia no es letra muerta ni tampoco ha pasado de moda. A través de la historia hemos sabido que sus grandes enemigos la han tratado de enterrar, de quemar, de ridiculizar y de destruir, pero ella permanece incólume. Como palabra viva siempre estará vigente. Hay libros que han sido bestseller, pero después de cierto tiempo otros de mejor tema y gusto lo sustituyen.

Sin embargo, la Biblia jamás pasa de moda. Esta es la razón por la que ella permanece para siempre. Lo que hace viva a la palabra de Dios es su autor. Jesucristo, quien es el Verbo encarnado, ha resucitado y vive para siempre. Una manera de ver esa naturaleza viva de la palabra es cuando llega a un corazón muerto y lo resucita (1 Pe. 1:23).

Es eficaz

Mi hermano ¿le parece aburrida la palabra de Dios? Honestamente, ¿cuánta importancia le da usted a la palabra de Dios para que dirija su vida? ¿Sabía usted que nuestra vida sería otra si sintiéramos el impacto de la palabra de Dios en cada área de nuestro ser? ¿Sabía usted que muchos años atrás el salmista nos habló de su eficacia? Lea con calma lo que dice el Salmo 19:7-9.

Si algo sabe el adversario es que la palabra de Dios es eficaz. Satanás no pudo con Jesús porque él usó la palabra en su defensa. La parábola del Sembrador nos ilustra la manera cómo Satanás trabaja en los que están recibiendo esa “semilla” (la palabra misma), para que no prosperen y sigan adelante.

Él siempre va a atacar el lugar donde se ponga esa semilla. Pero cuando esa palabra encuentra un corazón bien abonado será muy eficaz. Habrá fruto en abundancia. De modo que lo eficaz de la palabra de Dios se ve en tu cambio de conducta, un cambio de ver las cosas, de oírlas y un cambio de hacer las cosas. Si la palabra no te cambia, no hay palabra en tu corazón.

Veamos la supremacía de ella para cortar

Nada la supera en su corte

En este tiempo ya no se usan las espadas como en la Roma antigua. Quien haya escrito esta carta tenía en mente lo poderoso que eran las llamadas “espadas de doble filo”. Por supuesto que hoy día contamos con tan sofisticadas armas para el combate que las que conocimos diez años atrás, ahora son obsoletas. Hay países que se jactan de tener las armas más letales si se enfrentan a algún combate con un ejército enemigo.

Pero estas son armas físicas, visibles y otras armas pueden destruirlas. Pero cuando hablamos de la palabra de Dios no solo vemos la supremacía de ella, sino el lugar donde ella actúa, el sito donde ella “corta”. Hay poderes en la tierra que superan absolutamente a los poderes de las naciones y del ejército más sofisticado y equipado que exista; hablamos del poder del pecado, de la carne y de Satanás.

Le aseguro que ninguna arma humana puedo destruir a ninguno de estos enemigos. Esto es un trabajo para la palabra de Dios. Solo la palabra de Dios puede cortar lo invisible, lo que está oculto. La obra del pecado, la carne y Satanás solo la palabra de Dios podrá cortarlo.

Cortar para sanar

En esta parte tenemos que cambiar de símiles, ir de la espada del soldado al bisturí del cirujano. Cuando hablamos de la supremacía de esta palabra necesitamos ver cuál es la obra de Dios al usar su palabra en nuestras vidas. Aquí el propósito de Dios al cortarnos es para sanarnos, no dejarnos heridos. En todo caso las heridas las traemos por parte del pecado. ¿Qué es lo que sucede entonces?

El pecado es como un cáncer que crece dentro de nosotros. Su daño es total en todos los órganos, pues afecta el alma, la conciencia y nuestro corazón. Y como un cáncer dentro de nosotros, sin tratamiento, será fatal. Si la palabra de Dios corta como el bisturí que elimina el tumor, entonces se cumple lo que dijo JB Lightfoot, “sana más completamente, donde hiere más profundamente; y da vida sólo allí, donde primero ha matado” (Cambridge Sermons [Macmillan and Co.], p. 162).

Si quieres ser sanado, entonces la palabra de Dios te cortará. No temas ser herido por la palabra, pues ella misma tiene la cura.

Veamos su profundidad de alcance al cortar

Partiendo lo más profundo en nosotros

Desconozco cómo puede partirse algo que es espiritual, pero si conozco quien lo puede hacer: la palabra de Dios. Los hombres han inventado métodos para tranquilizar el alma, adormecer la conciencia y relajar al espíritu. Sin embargo, sólo la palabra de Dios tiene el poder para llegar a ambos lados del ser humano.

Así, pues, mientras hay tantas terapias de relajamiento espiritual que ayudan a las personas a apaciguar su conciencia, la palabra de Dios al penetrar en la vida, cual cirugía que va explorando hasta donde está el tumor, lo revela y allí concentra su trabajo. El asunto es que la palabra toca toda la vida, produciendo bendición para los que la obedecen y juicio para los que la desobedecen.

Cuando habla también que la palabra parte las coyunturas y los tuétanos es para mostrarnos la profundidad de su obra en la vida. ¿Por qué esta figura? La Biblia, como si tratara del mejor bisturí de un cirujano corta esas partes más profundas con el fin de poner al descubierto y revelar el mal que pueda haber allí. La Biblia no hace cirugías estéticas. Hace cirugías internas. La Biblia revela lo que finalmente cura.

Discerniendo lo que hay en el corazón

Me pregunto porqué el autor primero hizo esa descripción tan gráfica del poder de esta palabra, pasando por todas esas partes tan profundas de la vida hasta llegar al corazón. ¿Por qué lo dejó al final?

Bueno, creo que es allí donde la palabra tiene que llegar porque el corazón, entre otras cosas, es engañoso “más que todas las cosas” y es allí donde el “cirujano eterno” con su palabra hace su más completo trabajo. Y esto tiene mucho sentido.

Observe que la obra de la palabra es “discernir los pensamientos y las intenciones del corazón”. Y nadie más podrá hacer esto que Dios a través de su palabra. Mis hermanos, los pensamientos y las intenciones del corazón pasan por oscuros momentos que necesitan la luz divina para ser reorientados. Si el corazón está mal, todo andará mal en el. Fue por eso por lo que el sabio dijo: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

Veamos el proposito que trae el corte

Poner al descubierto todas las cosas

Hebreos 4:13. ¿Por qué la palabra de Dios hace todo ese trabajo previo? Porque su propósito descubrir todo lo que hay en nosotros para que sea juzgado. Cuando Adán y Eva pecaron quedaron desnudos delante de Dios. La palabra “abiertos” y “desnudos” se usa solo aquí en el Nuevo Testamento, y rara vez en cualquier otro lugar.

La idea original de esta palabra es exponer el cuello, tal vez como se expone el cuello de la víctima del sacrificio justo antes de que el cuchillo corte la vena yugular. Al poner las dos palabras juntas estamos confirmando cómo queda nuestra condición delante de Dios. Frente a él llegamos a estar desnudos e indefensos.

No hay escapatoria de Su mirada omnisciente. El pecado crea en la persona la idea que siempre podrá engañar a todos en la tierra y piensa que siempre se saldrá con la suya, pero ¡cómo podemos engañar a Dios! El poder de la palabra de Dios es quitar del hombre el dominio que ejerce el pecado que lo mantiene en una “seguridad” y que puede hacer cualquier cosa sin ser descubierto.

Llevarnos al trono de la gracia

Hebreos 4:6.  Esta oración es sumamente solemne en este tema que tiene que ver con el poder de la palabra, pues una cosa es saber que Dios es amor y otra muy distinta será verle como nuestro juez. La palabra de Dios tiene este propósito. De manera que nuestro anhelo debiera ser siempre agradar a Dios en todo lo que hacemos. Bueno, si este pensamiento le pone mal, le animo a seguir leyendo, pues los vv. 14-16 nos ayuda a ver cómo el autor continuará mostrándonos a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote que nos invita a acercarnos al trono de la gracia para recibir misericordia y gracia para ayudar en nuestro tiempo de necesidad.

Pero para esto debo asegurarme de que Cristo sea su Sumo sacerdote. Así que debemos ser diligentes personalmente para entrar en el reposo de Dios mediante la fe en Cristo y la obediencia a Su Palabra. Todo verdadero creyente desarrollará el hábito de juzgar el pecado a nivel del pensamiento o del corazón, con el deseo de agradar al Salvador que se entregó a Sí mismo por nosotros en la cruz.

La cirugía de la Palabra de Dios

Hemos dicho que la palabra de Dios es “viva y eficaz”, por lo tanto, ella tiene como tarea quitar la amargura, deseos de venganza, envidias, celos, malos pensamientos. Esta Palabra también ha saneado culturas y costumbres, como en el caso de aquel jefe de tribu de las islas Nuevas Hébridas, quien antes de su conversión a Dios había sido un caníbal, quien fue hallado por un comerciante francés leyendo la Biblia. Este le preguntó; -¿Qué libro está Ud. leyendo? – La Biblia -¿Sabe Ud, que este libro está completamente desacreditado?

No crea Ud, en la Biblia, nadie que se aprecie algo cree en ella ahora, -¿Así que Ud, no cree en ella? -Cierto que no. -Pues, señor, permítame que le diga, que si no fuera por la Biblia y por lo que he aprendido en ella, hubiera Ud. entrado en mi horno para ser asado y comido. En la guerra espiritual, la “espada del Espíritu” es el arma defensiva. Jesucristo la usó victoriosamente. Él pudo haber pedido al Padre un ángel más poderoso que el mismo Satanás, pero usó la palabra y ante esto el adversario huyó.

Fuente:
Julio Ruiz

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