
Hoy, 2 de septiembre, se cumple un año desde aquel sueño que Dios puso en mi corazón, relacionado con mi hermano José Reynaldo.
Durante todo el mes de agosto guardé silencio.
No porque hubiera dejado de creer, sino porque quería esperar a Dios. Mientras otros podían preguntar, preocuparse o esperar noticias, yo escogí orar, clamar y esperar.
Tenía en mis manos fotografías de todo el proceso: momentos de oración, de clamor y de angustia por mi querido hermano. Pero, en lo profundo de mi corazón, había una sola petición:
“Señor, dame una buena noticia.”
Y la respuesta llegó.
Esta madrugada, Dios utilizó nuevamente a mi hermana para hablar en sueños.
En el sueño, ella me dijo:
“Nuestro hermano te manda a decir que está súper contento.”
¿Por qué?
Porque tenía que ir al médico y, al ser evaluado, el médico le dijo:
“Ya puedes hacer lo que quieras. Estás súper sano.”
Pero la noticia que más estremeció mi corazón no fue solamente la de su salud física.
Mi hermano le dijo a mi hermana:
“Dile a Margo que he conocido a Jesucristo y que nunca lo dejaré.”
Cuando desperté, entendí que aquella era la respuesta que durante tanto tiempo había estado esperando.
Yo había pedido una buena noticia.
Y Dios me dio una noticia mucho mayor.
No solamente una noticia sobre su cuerpo.
Una noticia sobre su alma.
DIOS CERRÓ EL CICLO CON UNA RESPUESTA DE VIDA
Ahora comprendo todavía más aquel sueño del 2 de septiembre de 2025.
En aquel momento parecía un sueño difícil de entender. Hoy, un año después, puedo mirar hacia atrás y reconocer que Dios estaba mostrando que había un proceso espiritual que debía cumplirse.
Mi hermano había sido librado una vez.
Después, otra vez.
Y una tercera vez.
Pero la mayor liberación no fue solamente haber escapado de la muerte.
La mayor liberación fue encontrarse con Jesucristo.
Porque podemos celebrar que alguien vuelva a caminar, que salga del hospital, que reciba un diagnóstico favorable y que su cuerpo sea restaurado.
Pero cuando una persona puede decir:
“He conocido a Jesucristo y nunca lo dejaré”,
entonces el cielo tiene una razón todavía mayor para celebrar.
LA ORACIÓN NO FUE EN VANO
Todo aquel mes de agosto que permanecí callada, orando y clamando, no fue un tiempo perdido.
Dios estaba trabajando.
A veces oramos y pensamos que nada está ocurriendo porque no vemos inmediatamente la respuesta.
Pero Dios puede estar obrando precisamente detrás del silencio.
Por eso hoy puedo decir con toda seguridad:
No dejemos de orar por nuestros seres queridos.
No dejemos de clamar por aquellos que todavía no conocen a Cristo.
No dejemos de hablarles de Jesús.
No dejemos de creer cuando parezca que nada cambia.
Porque Dios sigue llamando.
Y cuando Dios llama, su misericordia puede alcanzar al hombre aun en el momento más inesperado.
UNA RESPUESTA QUE GUARDO EN EL CORAZÓN
Hoy doy gracias a Dios por la vida de mi hermano José Reynaldo.
Doy gracias por su recuperación.
Doy gracias por cada persona que oró.
Doy gracias por cada clamor levantado.
Doy gracias por cada lágrima derramada.
Pero, sobre todo, doy gracias porque puedo escuchar esta noticia:
“He conocido a Jesucristo y nunca lo dejaré.”
Esa frase vale más que cualquier diagnóstico médico.
Porque la salud del cuerpo es una bendición, pero la salvación del alma es un milagro eterno.
Por eso este testimonio termina donde realmente debía terminar:
Con Cristo.
El Dios que llamó tres veces no lo hizo para condenarlo.
Lo llamó por misericordia.
Lo llamó con propósito.
Lo llamó para darle una nueva oportunidad.
Y hoy mi corazón puede decir:
¡GRACIAS, SEÑOR, PORQUE TU MISERICORDIA NO SE AGOTÓ!
¡GRACIAS PORQUE TODAVÍA HAY TIEMPO!
¡GRACIAS PORQUE MI HERMANO ESTÁ VIVO Y HA CONOCIDO A JESUCRISTO!
Que nadie desprecie las oportunidades que Dios nos concede.
Si Dios te está llamando hoy:
NO ENDUREZCAS TU CORAZÓN.
Acércate a Él.
Entrégale tu vida.
Porque todavía estamos a tiempo.
TODA HONRA, TODA GLORIA Y TODA LA ALABANZA SEAN PARA NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
Cuando Dios determina algo, Él puede utilizar los medios que quiera para llevar a cabo Su propósito.
Hay quienes cuestionan los sueños y se preguntan por qué Dios puede hablar de esa manera.
Yo solamente puedo decir lo que he vivido y lo que la Palabra de Dios enseña.
Cuando Dios determina algo, Él puede utilizar los medios que quiera para llevar a cabo Su propósito.
La Biblia nos muestra que Dios utilizó a Faraón, un hombre que no pertenecía al pueblo de Dios, para recibir sueños que anunciaban lo que estaba por acontecer en Egipto. Y también levantó a José, poniendo en él la gracia, la sabiduría y la revelación necesarias para interpretar aquellos sueños.
José no recibió la gloria.
Dios recibió la gloria.
Por eso, cuando alguien me pregunta por qué Dios me permitió soñar aquello que después comenzó a cumplirse, mi respuesta es sencilla:
Yo no escogí el sueño.
Yo no fabriqué el cumplimiento.
Yo solamente oré, esperé y obedecí.
Y hoy puedo mirar hacia atrás y decir:
Cuando Dios dice algo, Él sabe cómo cumplirlo.
Cuando Dios quiere advertir, advierte.
Cuando Dios quiere llamar, llama.
Cuando Dios quiere rescatar, rescata.
Y cuando Dios quiere bendecir, lo hace como Él quiere, cuando Él quiere y por los medios que Él determina.
No pretendo que nadie crea en mis sueños.
Mi fe no está puesta en mis sueños; está puesta en Dios y en Su Palabra.
Pero tampoco voy a negar lo que Dios me permitió vivir.
Porque este testimonio no termina exaltando a mi.
Termina exaltando a Jesucristo.
Y después de todo lo ocurrido, solamente puedo decir:
¡A Dios sea toda la honra y toda la gloria!



