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El poder de los actos proféticos. Un análisis de la resurrección del hijo de la sunamita

Entonces Eliseo volvió y caminó por la casa de un lado para otro, y subió y se tendió sobre él; y el niño estornudó siete veces y abrió sus ojos. 2 Reyes 4:35

Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: «Joven, a ti te digo: ¡Levántate!» Lucas 7:14

En la historia de la resurrección del hijo de la sunamita, Eliseo realiza una serie de ejercicios proféticos simbólicos para llevar a cabo el milagro. A veces Dios usa diferentes maneras para obrar sus milagros. El Señor puede interactuar directamente a través del contacto físico o dar una palabra profética. En este caso, Eliseo discierne por medio del Espíritu Santo que debe tenderse sobre el niño y establecer un paralelismo entre su cuerpo y el cuerpo del niño. Finalmente, el niño resucita y la sunamita adora al Dios que Eliseo representa. La sunamita es un ejemplo para todos nosotros por su dinamismo, poder y concentración en la bendición del siervo de Dios.

Cuando Eliseo llega a la casa de la sunamita el niño sigue muerto porque Giezi no ha podido realizar el milagro, confirmando lo que esta mujer sospechaba, que se requería la presencia misma del profeta para llevar a cabo el milagro.

Entonces en los versículos 32 en adelante se nos muestra a Eliseo entrando y llevando a cabo una serie de digamos, ejercicios proféticos simbólicos para llevar a cabo el milagro. Dice que Eliseo cerró la puerta y oró al Señor, y después se subió y se tendió sobre el niño, esto es muy curioso porque nos habla algo acerca de los actos proféticos y los símbolos que muchas veces como que simbólicamente sugieren y expresan lo que se tiene que dar en el mundo espiritual.

Eliseo quiere transferir su vida, su poder, su función sobre el cuerpo ya inerte del niño. Entonces es interesante porque en otras ocasiones, en el caso por ejemplo de la fecundación de la mujer y de su esposo Eliseo da una Palabra profética. Hay muchas veces en que lo único que Dios tiene que hacer es dar una Palabra, pero muchas veces Dios quiere cómo interactuar más profundamente con nosotros.

Recordemos por ejemplo el caso del centurión, que cuando el Señor va a ir a su casa a sanar al centurión a sanar a su criado el centurión le dice: Señor no es necesario que vengas a mi casa, yo soy un hombre secular, impuro, pero conozco de autoridad. Yo sé que cuando yo doy una palabra a mis subalternos ellos la obedecen, si yo le digo: ve a tal sitio él va, si yo le digo: ven, él viene, y yo conozco lo que es autoridad, Tú tienes autoridad. Simplemente di la Palabra y mi siervo va a ser sanado y el Señor se queda sorprendido de la fe de este hombre, y le dice: Ciertamente hágase conforme a tu fe y cuando el Señor da la Palabra, precisamente en ese momento su siervo, el siervo del centurión es sanado.

En otras ocasiones el Señor interactuó directamente a través de un contacto como cuando sanó al sordomudo y metió Sus dedos dentro de sus oídos e interactuó físicamente de esa manera, como que mezcló Su Poder, Su vida con la vida del sordomudo y gimió, como que hizo una conexión eléctrica. Metió los dedos en el enchufe de la vida de este hombre y recibió la carga de su enfermedad, y gimió dando la Palabra de que sus oídos fueron abiertos y su lengua fuera soltada.

Digo: esto es importante porque muchas veces Dios va a usar diferentes maneras de obrar Sus milagros en nuestra vida. A veces los milagros de Dios van a ser fulminantes e inmediatamente vamos a pedir a Dios y vamos a ver el milagro. En otras ocasiones las sanidades, las soluciones financieras o las intervenciones en nuestra vida familiar o en nuestro matrimonio van a ser graduales, a largo plazo. A veces Dios va a decir: No, y simplemente no va a responder afirmativamente o va a haber un largo tiempo de espera y después Dios va a hacer la solución aún cuando nos habremos olvidado de la petición, entonces Dios va a contestar. A veces Dios obrará en una forma más humilde a través de los médicos y la medicina, y los procesos médicos. Hay muchas maneras en que Dios decide obrar sus grandes milagros.

En este caso Dios usa el cuerpo del profeta y Eliseo discierne por medio del Espíritu Santo que debe tenderse sobre el niño y cómo establecer un paralelismo entre el cuerpo de él y el cuerpo del niño. Y no solamente lo hace una vez sino que lo hace dos veces el mismo tipo de proceso, y hay como un tiempo de espera donde Eliseo, dice en el versículo 35, «volviéndose luego se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió y se tendió sobre el niño nuevamente» y entonces dice que: «y entonces el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.»

Quizás este estornudar siete veces, el número siete sabemos que es el símbolo de la perfección, es como que quizás el espíritu de muerte que estaba dentro de él el niño lo expelió estornudando como una expresión de la vida de Dios que estaba volviendo a activarse dentro de él.

Todos estos elementos físicos los vemos aquí ¿no? Muchas veces el Poder de Dios se manifiesta de formas físicas. El Señor usó lodo y saliva para sanar a otro personaje en la Escritura, a veces tocó con Sus Manos a las personas. Eliseo a veces tomó, en un caso por ejemplo cuando había una olla que estaba envenenada tomó sal y la echó sobre la olla envenenada y sanó la comida que estaba dentro de la olla, los símbolos proféticos a veces sí; cuando ponemos aceite sobre los enfermos, dice la Biblia que unjamos aceite sobre los enfermos, cuando imponemos manos es una forma de transferir el poder de nosotros a una persona.

El mundo espiritual milagroso se nutre de las acciones de las personas y es importante que nosotros aprendamos a discernir del Espíritu Santo cuando Dios quiere que hagamos algo simbólicamente como para ejemplificar y fortalecer, y enfocar la acción milagrosa del Espíritu Santo.

Entonces el niño abrió los ojos señalando que finalmente estaba vivo y resucitado, y Eliseo manda a llamar a Giezi y le dice: «Toma, lleva el hijo de esta mujer a ella» y la llamó, le entregó su hijo y versículo 37 termina el episodio, dice que: «Así que ella entró, se echó a los pies de Eliseo y se inclinó a tierra» en otras palabras, no fue ante Eliseo sino ante el Dios que Eliseo representaba que esta mujer expresa su adoración y su gratitud al Señor, y después toma su hijo y sale.

Esta mujer sale de nuestra vida por un instante de la misma manera que entró, en acción. Al principio la vemos inquieta buscando formas de bendecir al siervo de Dios y ahora, muy dinámicamente, adora al Señor, toma a su hijo, se lo lleva y ahí termina la historia. Qué mujer maravillosa, tan dinámica, tan poderosa, tan activa, tan concentrada, es un ejemplo verdadero para todos nosotros, ojalá que nosotros podamos incorporar en nuestra vida cualidades tan bellas como las que esta mujer encarna.

Que Dios te bendiga y yo espero que este estudio de la sunamita y de Eliseo te haya bendecido tanto como a mí me ha bendecido. Dios te bendiga, me despido de ustedes y espero que en otro momento podamos continuar nuestro estudio de la Palabra del Señor, muchas bendiciones.

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