
Vivimos en un mundo de apariencias, donde la superficie suele ser más atractiva que el contenido. Pero Dios no mira como mira el hombre. Mientras el mundo juzga por lo exterior, el Señor escudriña el corazón (1 Samuel 16+7). Él va al fondo de la verdad.
Muchos ocultan sus intenciones detrás de palabras bonitas, actos públicos o imágenes bien construidas. Sin embargo, cuando buscamos a Dios en Espíritu y en verdad, Su luz penetra lo más profundo y deja al descubierto lo que está escondido. No para avergonzar, sino para sanar.
El fondo de la verdad no es un lugar de condenación, sino de revelación. Es ahí donde caen las máscaras, donde cesan las excusas y donde el alma se encuentra cara a cara con la gracia que transforma. Es el terreno fértil donde crece la libertad, porque «conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8-32).
¿Te atreves a ir más allá de lo aparente? ¿A dejar que el Espíritu Santo te guíe al fondo, allí donde nadie más ve, pero donde Dios ya está esperando?
Que hoy tengas la valentía de permitirle a Dios revelar lo que otros ocultan. incluso lo que tú mismo has escondido de ti. Porque en el fondo de la verdad, habita Su amor redentor. Gracia y Paz.



