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Debemos volver al altar del señor y gemir en su presencia con un corazón contrito y humillado

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En este tiempo que nos ha tocado vivir, debemos caminar “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”, Hebreos 12:2, mirar a Dios como nunca antes, reconocer las etapas proféticas y sus inminentes cumplimientos ante nuestra asombrada mirada, viendo las señales, antes del fin, que se están cumpliendo al pie de la letra.

Hoy, estamos viendo hechos que nos estremecen, al observar la tierra que gime como si nos pidiera, con urgencia, la proclamación del evangelio de salvación y vida eterna, que está bajo la responsabilidad de nosotros, como hijos de Dios que somos.

Este es el tiempo, que todos los creyentes debemos exhibir con nuestro testimonio, la imagen de Jesucristo, y examinarnos, como nos manda la Palabra de Dios, y vernos en ese espejo si verdaderamente andamos en fe, porque la iglesia de costumbres, leyes humanas y llenas de infantilismo, llegó a su final.

Dios en su infinita gracia y misericordia nos manda, a “sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismo. Porque si alguno es oidor de la palabra y no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque el que se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida como era. Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace”, Santiago 1:22-25.

Estamos a punto de cerrar un año más y tenemos, con urgencia volver, al altar del Señor y gemir en su presencia con un corazón contrito, humillado y dispuesto, reconociendo, al mismo tiempo, que los de limpio de corazón, Cristo los llama bienaventurados, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8.

Es muy necesario, que ahora, en oración, le pidamos al Señor que nos transforme, santifique y perdone, que ponga en nosotros un corazón sensible a su presencia, para que se produzca en nosotros alabanzas limpias y sin contaminación. Y como pedía el salmista David: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”, Salmos 51:10.

Al término de este año, debemos de seguir confiando en la fortaleza de Dios, mirando al futuro con optimismo y sueños renovados, olvidando lo que queda atrás, como dice la palabra, con una esperanza, certeza, seguridad y fe de que el año 2016 será mejor porque nuestro Señor Jesucristo ha sido fiel y nos alienta con su favor, gracia y misericordia.

Tenemos la obligación y el mandato de Dios de seguir el curso de lo que resta del año, buscando una nueva conquista de amor, anhelando con fervor, con nuestro trabajo, traer a los pies de Cristo las almas perdidas, no desmayando y seguir volando en las alas de la fe, más allá de los pensamientos que a veces intentan desanimarnos, por lo que debemos levantarnos y seguir confiando en que Dios ha sido bueno y ha tenido el control de nuestras vidas.

Este es el tiempo de buscar su presencia, acercarnos más a Dios y dejar las cosas, de este mundo, que nos contaminan, enamorémonos y apasionémonos de su gloria, buscando desde lo más profundo de nuestro corazón su rostro; y cara a cara, enfrentar a los perdidos en las calles, evangelizándolos con la Palabra de Dios.

Para esta época, de fin de año, estamos acostumbrados a festejar, mudarnos a una casa nueva, pintar, regalar, cherchar, es decir, hacer un montón de cosas, pero los hijos del Dios tenemos una ventaja enorme sobre aquellos que no le conocen, es que nuestra agenda de prioridades ha quedado establecida desde antes de la fundación del mundo.

El Creador diseñó esa agenda y nos la hizo llegar a través de aquellos hombres y mujeres que tomaron la decisión de perder sus vidas a favor de la obra de Dios. Dicha agenda fue culminada y sellada con la venida de Cristo, su crucifixión, muerte, resurrección y posterior ascensión a la diestra del Padre, quedando consumada para siempre la obra de la salvación, dejando para nosotros los creyentes el camino, nuevo y vivo, trazado para que lo recorramos y cumplamos nuestras prioridades que el Señor quiere que agotemos, para éste y todos los años.

Nuestras prioridades, para obedecer a Dios, mientras vivamos en la tierra, debe comenzar con el amor a nuestro Señor, y nunca satisfechos con los logros alcanzados, como “siervos inútiles” que somos, sino sentirnos renovados con cada ladrillo, que son las almas ganadas para Cristo, empalmado en la edificación de la Iglesia, que es su cuerpo.

Debemos sentirnos regocijados y llenos de júbilo con cada semilla que sembremos y fructifique en el jardín de amor, que el Señor nos ha regalado y permanecer alegres de saber que estamos acumulando riquezas, en el cielo, donde la polilla ni el orín corrompen, justo al lado de la gracia divina de nuestro Dios.

Tabernáculo, desde lo más profundo de nuestro corazón, desea que nos esforcemos más para seguir brindando amor de la manera más eficaz, cumpliendo la agenda dispuesta por nuestro Dios, a fin de que cumplamos todas las metas que nos ha encargado, la cual debemos agotar para el año 2016. En primer lugar, de acuerdo a esa agenda, debemos amar a nuestro Dios, manteniendo una estrecha relación con Él, para así tener la satisfacción de cumplir como cristiano, la misión que nos ha sido encomendada lo mejor posible.

Es nuestro deber, compartir el evangelio de salvación con todo el mundo, siendo esta la mejor de las misiones, proclamar, de todo corazón, a Cristo, quien descendió a este mundo para buscar y salvar lo que se había perdido, y es nuestro deseo que seamos todos instrumentos eficaces para cumplir la gran comisión, no solo en el venidero año 2016, sino en todo el tiempo que el Señor nos permita vivir en esta tierra. Muchas bendiciones.

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