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Una vasija agrietada

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9

Introducción
En mi época de colegio mi papá me leía las reflexiones de un libro que se llama Educar para Crear Valores (obra literaria del insigne Antonio Pérez Esclarín), lo que me motivó a seguir leyendo todo el libro. Recuerdo que todas las parábolas me gustaban mucho pero había una que me gustó tanto que la he tomado como inicio para algunas micro clases y pues me he tomado la osadía de tomarla como el ilustrativo de este mensaje.

La vasija agrietada (resumen)
En esta parábola, el autor relata la historia de dos vasijas que llevaba un hombre cargadas en sus hombros a los extremos de un palo. Una era perfecta, y la otra vivía avergonzada porque tenía grietas que le impedían cumplir con eficacia la misión para la que había sido creada.

Por lo que un día decidió disculparse con su aguador por ello. Más el amablemente le hizo comprender que el aprovechaba sus grietas. Pues a lo largo del camino había sembrado flores por donde la vasija pasaba todos los días y las regaba, sin el esforzarse por ello. Durante ese tiempo él pasaba y las recogía para llevarlas a su maestro.

Para finalizar el autor plasmó unas palabras de reflexión donde enseñaba que todos teníamos limitaciones. Y aun así todos tenemos valor, manifestando que nuestras debilidades son nuestras fortalezas. Que lo más importante es reconocerlas en humildad, y transformarlas en retos de propuesta y superación.

Desarrollo
Todos somos pecadores, desde el pastor hasta el que no conoce de Dios. Todos aunque digamos que no, somos pecadores. Lo importante es la actitud que mantengamos, esto es lo que marca la diferencia.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:8-9

Cuando guardamos nuestra integridad para con Dios, y manifestamos un arrepentimiento genuino y verdadero, (dejando atrás aquello que nos hizo pecar, no es que vamos a pedir perdón a Dios por una falta y vamos a reincidir), Él nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.

El hecho de que hayamos recibido perdón no quiere decir que olvidamos todo. Dios restaura lo que pasó, pero el pasado marcará como huella nuestros corazones. Es como cuando tomas una vasija y la rompes, aunque la mandes a pegar por dentro tendrá sus cicatrices.

Muchas personas viven gran parte de sus vidas condenándose por las cicatrices o grietas que hay en su alma. Esto les entorpece a la hora de servir a Dios.

Apréndase de memoria este versículo para que cuando vengan pensamientos de condenación usted se aferre a la promesa de Dios quien le ha restaurado:

Eclesiastés 3:15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.”

Habiendo comprendido esto, tenga siempre presente estos versículos en su vida y ponga en práctica lo que Dios le ha enseñado hoy:

  • Reconozca en humildad su condición de pecado.
  • Confiese a Dios sus faltas.
  • No reincida en el error, permanezca en integridad.

Conclusión
Aunque seamos restaurados, el pecado estará latente en nuestras vidas. Pues tenemos aún debilidades que nos hacen vulnerables, y la mayoría de las veces es por los recuerdos que nos han marcado.

Tome esas vivencias para edificar las vidas de quienes le rodean. Testifique de la obra que Dios ha hecho en su vida. Y aunque muchos lo quieran señalar como una vasija agrietada, recuerde que Dios le ha perdonado y sus grietas están siendo aprovechadas para el crecimiento de las personas que Dios coloca en su camino.

Haga como dijo el apóstol Pablo en 2 Corintios 12:1-9 (quien sufría de un aguijón en su carne, algunos teólogos plantean que él tenía una enfermedad en los ojos, mas eso no le impedía continuar en el servicio de Dios). Vamos a gozarnos en nuestras debilidades, permitiendo que sea Dios perfeccionándose en ello, sean del alma, o físicas, no debemos permitir que nuestras debilidades nos impidan servir a Dios.

Hace mucho tiempo vi un documental de un hombre que no tenía brazos, ni piernas, y él enseñaba una gran lección a las personas. Siempre le agradecia a Dios por su vida, y procuraba hacer todas las actividades que hacía una personas que tenía sus brazos y sus piernas.

Indiscutiblemente allí estaba manifiesta la razón por la que Dios lo hizo así. Muchas personas no han aprendido la lección. Vivimos en quejas continuas por todo, y este hombre hizo bajar la cabeza con su ejemplo de fortaleza y agradecimiento a muchas personas que no conocían a Dios, y por este testimonio conmovedor entregaron sus vidas a Dios.

Dios tiene un propósito en su vida. Nunca lo olvide, en adelante pídale que se fortalezca en su debilidad, recuerde que para Él usted tiene mucho valor.

Fuente:
Consuelo Gomezk

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