
Hace varios años, mi esposa y yo nos perdimos durante una excursión. Me gustaría decir que fue en las escarpadas montañas de Estados Unidos, pero solo fue en un parque estatal de Indiana. Lo que debería haber sido un recorrido de una hora se convirtió en una caminata de siete horas. Al caer la tarde, el agotamiento, la preocupación y la ira se apoderaron de nosotros. No habíamos llevado comida y compartíamos una botella de agua, así que también teníamos sed y hambre. A pesar de mi evidente falta de habilidades de orientación, al final dimos con una salida y regresamos a nuestro automóvil.
Nuestra experiencia fue más vergonzosa que peligrosa, pero estar perdidos en el bosque me dio una idea de cómo vivimos a veces la vida cristiana. Los miedos y la frustración pueden aumentar cuando Dios no nos saca de una situación confusa o desalentadora. Nos preguntamos cómo hemos llegado hasta aquí y si alguna vez saldremos de ella.
Mi esposa y yo nos perdimos la belleza del bosque porque estábamos concentrados en encontrar la salida. Del mismo modo, es difícil reconocer lo que Dios está haciendo cuando solo queremos escapar de una prueba. Pero cuando los cristianos caminamos por el valle de la profunda oscuridad o deambulamos por el desierto, no es porque Dios nos haya abandonado o fallado.
Sus planes al llevar a Su pueblo por el desierto son «finalmente hacerte bien» (Dt 8:16). Las pruebas y las dificultades del desierto son precisamente el lugar donde Dios pretende hacer crecer nuestra fe en Él y demostrar Su fidelidad hacia nosotros.
El propósito de Dios en el desierto
Cuando Dios rescató a Israel de Egipto, estaban emocionados por dejar atrás la esclavitud y entrar en una tierra rebosante de frutos. Sin embargo, no tardaron mucho en descubrir que estaban caminando por una tierra infértil.
En lugar de conducirlos directamente a la tierra prometida, Dios llevó a Israel por un camino largo y sinuoso. Lo necesitaban. Esos cuarenta años pusieron a prueba y forjaron su fe. El viaje reveló lo que había en sus corazones que debía ser erradicado (Dt 8:2).
El desierto no fue una desviación del buen plan de Dios; era Su plan
Dios permitió que pasaran hambre para que supieran que era Él quien los alimentaba (v. 3). Cuando Dios los protegía o les proveía, quedaba claro que Él era el Pastor que los defendía y cuidaba (v. 15). Los llevó en Sus brazos como a niños, atendió sus necesidades y les aseguró Su amor (1:31). Descubrieron más sobre el carácter de Dios, incluyendo Su compromiso inquebrantable con Su pueblo.
Cuando Moisés analizó en retrospectiva sus años de caminar por el desierto, quedó claro que el desvío de Israel había sido para su bien. El desierto no fue una desviación del buen plan de Dios; era Su plan. Su espera les enseñó a confiar en Dios. Los peligros crearon una mayor dependencia de Él. En el desierto, los israelitas aprendieron que Dios los amaba.
Responde correctamente en el desierto
Después de que Samuel ungiera a David como el próximo rey de Dios (1 S 16), David tuvo que esperar varios años hasta que la promesa se hiciera realidad (2 S 2). Se vio obligado a exiliarse en un desierto peligroso. Durante una década, huyó de cueva en cueva, mirando constantemente hacia atrás y huyendo de las amenazas.
David esperó, pero Dios no tardó en actuar. Él estaba enseñando, preparando y revelándose a David. Esa espera preparó a David para pastorear al pueblo de Dios cuando finalmente se convirtió en rey. David tuvo que aprender a esperar en Dios. Como escribió en uno de sus salmos del desierto: «esperaré en Tu nombre, porque es bueno» (Sal 52:9).
El desierto no alejó a David de Dios; lo atrajo hacia Dios. Escribió: «Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. / Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela / Cual tierra seca y árida donde no hay agua» (63:1). Esta espera y búsqueda de Dios en sus salmos se manifiesta como un lamento por su prueba y su dolor, un correr hacia Dios como su refugio, una petición de ayuda o liberación, una acción de gracias por lo que Dios había hecho y una meditación en las promesas de Dios que lo sostenían.
A través de las tribulaciones de David, la fidelidad de Dios quedó demostrada y la confianza de David se fortaleció. De su tiempo en el desierto, David escribió algunos de sus salmos de oración y alabanza más preciados. En lugar de desperdiciar su espera, David eligió adorar a Dios mientras atravesaba el desierto.
No desperdicies tu desierto
Cuanto más nos familiarizamos con los propósitos de Dios en nuestro sufrimiento, más preparados estamos para Él y mejor perspectiva tenemos al enfrentarlo (1 P 4:12). Seguir a Jesús no significa que estemos exentos del dolor o los problemas. Pero Dios promete estar con nosotros y obrar a nuestro favor en todo (Ro 8:28-29).
Cuanto más nos familiarizamos con los propósitos de Dios en nuestro sufrimiento, mejor preparados estamos para afrontarlo
Sabemos que esto es cierto porque el mismo Jesús, quien atravesó el desierto de la tentación sin pecar jamás, fue condenado en nuestro lugar en la cruz (Mt 4:1-11). El Padre no se limitó a enviar a Su Hijo para salvarnos de nuestros pecados. La muerte de Jesús también asegura todo don bueno y misericordioso para Su pueblo (Ro 8:32). Eso incluye las promesas de que Dios siempre está con nosotros y obra para nuestro bien en todas las cosas.
La muerte de Cristo también nos asegura nuestra esperanza definitiva: un día, el desierto ya no existirá (Is 35:6-7; 41:18; 43:19-20). La nueva ciudad-jardín de Dios descenderá cuando el cielo se encuentre con la tierra, y el desierto se convertirá en un oasis (Ap 21:1–22:5). La gloriosa presencia de Cristo llenará todas las cosas, incluyéndonos a nosotros como Su pueblo redimido.
Mientras esperamos ese día, lo hacemos sabiendo que Dios nos tiene donde estamos «para finalmente [hacernos] bien», como lo hizo con Israel (Dt 8:16). Todos los propósitos de Dios en nuestras luchas y sufrimientos brotan de Su sabiduría, bondad y amor.
En lugar de resistirte al desierto, corre hacia Dios como tu refugio. Espera y observa para ver cómo se te revelará o cómo obrará a tu favor. Dios no permitirá que tu desierto sea en vano.



