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Perfeccionados en la debilidad

Cuando pensamos en una roca, inmediatamente viene a nosotros la idea de solidez, resistencia y fortaleza; de la misma manera,cuando consideramos una gota de agua, viene a nosotros una sensación de fragilidad, fluidez y debilidad; sin embargo, cuando esa gota cae permanentemente sobre la dura roca, llegará el momento en el que la perseverancia la desmenuzará.

Así es el corazón del hombre, duro como una piedra, pero cuando cae la palabra de Dios sobre él, tarde o temprano, llegará el momento en el que será quebrantado; como profetizó Ezequiel: “Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas”. (Ezequiel 36:25-27).

Hay cosas en el corazón del hombre, que hacen de su carne una fortaleza impenetrable, como la desobediencia, ejemplo de esto,lo vemos en el caso de Saúl, guerrero poderoso, no había otro más bien parecido que él entre los hijos de Israel; de los hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.  Dios le dijo, ataca a Amalec y destrúyelo por completo, pero Saúl perdonó a Agag, rey de los amalecitas, así como a lo mejor del ganado de aquel pueblo.

El profeta Samuel dijo a Saúl: ¿No es verdad que, aunque eras pequeño a tus propios ojos, fuiste nombrado jefe de las tribus de Israel y el Señor te ungió rey sobre Israel? ¿Por qué pues, no obedeciste la voz del Señor, sino que te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Señor?  Y agregó: Porque la rebelión es como pecado de adivinación y la desobediencia, como iniquidad e idolatría. Por cuanto has desechado la palabra del Señor, Él también te ha desechado para que no seas rey (1 Samuel Cap.15); fue más fuerte la desobediencia en el corazón de Saúl que su fidelidad a Dios, motivo por el cual el Señor lo desechó y puso en su lugar a David, un hombre conforme a su corazón, el cual fue establecidopor la fidelidad al Señor (Hechos 13:22).

Otro caso digno de mencionar, es el de Nabucodonosor, a quien Dios le había advertido en sueños, sobre su orgullo: Serás echado de entre los hombres y tu morada estará con las bestias del campo y te darán hierba para comer como al ganado y serás empapado con el rocío del cielo; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo, domina sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place (Daniel 4:25); cuan grande es el orgullo del hombre, que piensa que por sus propias fuerzas sale adelante, que sus pasos son seguros, pero realmente son presurosos para el despeñadero, corre como caballo desbocado a las fauces de la muerte, pues piensa que sus caminos son rectos; sin embargo, todo lo que posee proviene del Creador de los cielos y la tierra, bien dice la Biblia que, el que se crea superior a los demás, el que se enorgullezca, será humillado, será puesto en el lugar menos importante, haciéndose parte de las bestias del campo; sin embargo, el que es humilde,será puesto en un lugar más importante. (Lucas 14:11). 

Por el contrario de Nabucodonosor, tenemos a nuestro SeñorJesucristo, “quien, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino se despojó a sí mismo tomando forma de siervo… se humilló… haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz y se le confirió un nombre que es sobre todo nombre.”  (Filipenses 2:6-10).  

Puede que el hombre confíe en sus títulos, sus logros, sus éxitos, puede que haga de todo ello su fortaleza, podría ganar el mundo, recibir los aplausos de las multitudes y sentirse satisfecho, pero ¿De qué le serviría si en el proceso pierde su alma?  Tener el éxito secular, no le inhibe de ser tocado, de ser probado, de ser destruido; Job es un ejemplo de esto, él lo tenía todo, pero vino el enemigo y lo devastó, aunque a su tiempo, el Señor le restituyó siete veces más, por su perseverancia.  A veces necesitamos ese trato para encontrarnos con nuestro Creador, necesitamos una terapía de shock, para poder reaccionar; Saulo de Tarso, quien declaró haber sido “circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible.” (Filipenses 3:4-7). 

Tuvo que encontrarse de frente con Cristo para reconocer sus errores y faltas, por lo cual, recordemos las palabras que le fueron dichas a aquel que se llamaría Pablo(pequeño), el perito arquitecto de la iglesia, quien debido a la grandeza de las revelaciones que recibió, le fue dada una espina en la carne, un aguijón, un mensajero de Satanás que le abofetearía, para impedir que se enalteciera y cuando rogó al Señor por ello, Él le respondió: “Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:1-10).

Podríamos mencionar muchos casos más, como el de Abraham quien, en su debilidad, se le concedió tener descendencia como las estrellas del firmamento y por cuanto creyó, se le fue contado por justicia; el de Sansón, quien, a pesar de su pecado con las mujeres, juzgó a Israel por cuarenta años; el de Moisés, quien a pesar de sus temores se convirtió en libertador y gobernante de Israel; el de Jeremías quien, aunque fue rechazado, aun así, cumplió su propósito o el de Isaías, por medio de quien Dios habló a su pueblo diciendo: “Pero tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien he escogido, descendiente de Abraham, mi amigo; tú, a quien tomé de los confines de la tierra y desde sus lugares más remotos te llamé y te dije: Mi siervo eres tú; yo te he escogido y no te he rechazado: No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:8-10).

Esto no es solamente para ellos, pues nosotros también somos parte del pueblo de Dios, por lo tanto, no confiemos en nuestra propia prudencia o fuerza;  y tomemos lo dicho a Zacarías:

“No es, por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu dice el Señor de los ejércitos (Zacarías 4:6), fortalécete en el Señor tu Dios, confía en Él y Él hará.”

Fuente:
Profeta Pedro Legrand Ministerios Luz de las Naciones. Guatemala

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