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La verdadera adoración a pesar de las circunstancias

«No hay nadie como tú» son palabras que muchos cristianos han hecho famosas sobre Dios a lo largo de los años. Pero, ¿quién cree realmente lo que estas palabras dicen sobre Dios el creador y el único que merece adoración y alabanza? La adoración no era parte de mi vida hasta que entendí que Dios es mi creador y mi Padre celestial, y vi mi necesidad de salvación en Cristo Jesús. Pero, ahora entiendo que necesito adorar a Dios por quien es, y agradecerle lo que hace por mí.

Según paso tiempo con Dios, aceptando las decisiones que Él hace para mi vida, aplicando su sabiduría a mi vida, agradeciéndole por haber enviado a Jesús y clamando a él día y noche, me doy cuenta de que necesito adorar a Dios sin tomar en cuenta las circunstancias en las cuales me puedo encontrar. Las pruebas, las decepciones, los sueños destrozados, las enfermedades, los virus y el aceptar lo que no puedo cambiar, son aspectos de la vida cotidiana, y Dios es verdaderamente la única fuente de satisfacción y paz interior.

El adorar no es algo fácil de hacer porque requiere mucho de un individuo, y debe de ser genuino porque Dios conoce el corazón (Salmo 44:21). Todos somos pecadores y solos no podemos alcanzar la gloria de Dios (Romanos 3:23), pero podemos vencer los pecados por la gracia de Dios en Cristo Jesús y ofrecerle a Dios un corazón limpio en adoración (Salmo 51:10, Romanos 8). «La adoración auténtica requiere un espacio permanente en nuestras vidas, no un espacio aleatorio o temporal … La adoración enfoca nuestro corazón, mente, alma y fuerza en amar a Dios por encima de todo lo demás y, por lo tanto, se convierte en nuestra máxima prioridad».1

Mi adoración va más allá de cantar canciones de alabanza, leer la Biblia, orar, dar gracias, amar y ayudar a los demás; es darle a Dios el primer lugar que el merece. Él debe ser mi «todo en todo.» Me he dado cuenta de que la adoración requiere aceptar Su misericordia y gracia, acudir a Él humildemente y abandonar mi orgullo, confiando en que El hará lo prometió. Es aceptar su disciplina, estar siempre en espera de Él y poniendo su voluntad antes que la mía. La adoración es obediencia y clamar a Dios en el nombre de Jesús.

Como yo creo que no hay nadie como Dios, la clave de mi adoración es reconocer que Dios es el único que la merece, y el único que es digno de recibirla (Mateo 4:10, Éxodo 34:14). Mi adoración es una ofrenda de amor a Dios (Romanos 12:1) la cual no cambia según mis circunstancias. La adoración exige que me mantenga pura (Mateo 5: 8) y que venga ante nuestro creador en espíritu y verdad (Juan 4:23). También exige mi confianza en el Espíritu Santo (Romanos 8:27), creer en la esperanza que tenemos en Jesús y el tomar en cuenta que Dios vive para siempre (Apocalipsis 4:10) y, gracias a Jesús, como cristiana, viviré con Él por toda la eternidad (Juan 3:16).

Fuente:
Clara Molina

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