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El tren de las expectativas no cumplidas

El problema de las expectativas no cumplidas inmediatamente es el tren de pensamientos que esto provoca en tu vida; y tú tienes que identificar ese tren de pensamientos.  Un tren lo que hace es halar vagones.  Al principio, el tren va lento porque tiene que halar toda esa carga, pero el problema que después para frenarlo es necesario mucho tiempo de anticipación porque después que coge fuerza, frenarlo es un problema.  Entonces, cuando tú dejas que ese primer pensamiento hale el otro, y el otro, y así sucesivamente, y vaya cogiendo fuerza poco a poco, después pararlo es un problema.  Por eso, tú tienes que frenar esos pensamientos que provocan estas ideas.

Dicen los estudiosos que hay cuatro etapas de la depresión con raíz espiritual.  Enfatizamos esta aclaración porque hay casos en que la depresión puede venir de un desbalance hormonal, algo fisiológico.  Lo que estamos trabajando aquí es la depresión que tiene una raíz espiritual o emocional.  Hay cuatro etapas de estos pensamientos; utilizaremos la analogía del tren para mostrártelos:

La decepción.  Es cuando realizas que tus expectativas no se cumplieron.  Esto fue lo que le pasó a Elías.  Hizo que fuego bajara del cielo, pero la reacción que tuvo no fue la que él esperaba.  Quizás tú has hecho algo por tu cónyuge o por tus hijos, y no has tenido la reacción que tú esperabas.  Eso fue lo que le pasó a Elías.  Y esa decepción trae a su mente pensamientos de confusión, de pena, de tristeza, de desilusión; te preguntas dónde pecaste, dónde fallaste o si era la voluntad de Dios o no.  Si no detienes esto, te lleva a un segundo pensamiento.

El descontento.  Tienes ya la base de expectativas no alcanzadas, y se suman emociones más destructivas como mecanismo de autodefensa.  Tu mente no acepta la decepción, y comienza a justificarse.  Empiezas a pensar que no hiciste nada malo, que estabas orando, que tu intención era la mejor, que tú querías matar esos cuatrocientos cincuenta, que lo querías era que reaccionaran y adoraran a Dios.  es un modo de autoprotegerte razonando ciertas cosas.  El problema es que ese pensamiento te lleva a la autocompasión, a la pena contigo mismo, al coraje y a la amargura porque ahora te haces tú la víctima.  Piensas que tú eres tan bueno, y tienes resentimiento hacia la otra persona.  Esto te lleva a una tercera etapa.

La desesperanza.  Como autojustificarte no resolvió tu problema, caes en desesperanza.  Autojustificarse no resolvió el problema de Elías.  Él dijo: Solo yo he quedado; tengo un vivo celo por Jehová.  Eso es autojustificarse y tener pena, compasión, hacerse la víctima.  Pero, cuando se da cuenta que eso no resuelve su problema, llega la desesperanza; dice entonces: Que me muera.  Es cuando piensas que ya no hay solución.  Por eso es que hay que detener el pensamiento desde el principio; por eso es que tú no puedes permitirte pensar que tus expectativas son lo más grande para tu alcanzar.  Tampoco puedes darle conclusión inmediata a las cosas, pensando que lo que hiciste no tuvo ningún resultado; porque los que llevamos un tiempo ya en el Señor sabemos que, a veces, tú haces algo y no recibes mañana lo que esperabas, pero dentro de un año o dos te das cuenta que Dios tenía algo más grande y tú tenías que esperar el momento preciso, y aunque tus expectativas no se cumplieran inmediatamente, tú tienes que creer en la mano providente de Dios, sabiendo que Él no te abandona y que si hiciste algo por fe, en algún momento dado verás el resultado.  Pero si no detienes el primer pensamiento, comienzas a justificarte, y llegan el descontento y la desesperanza, y piensas que ya todo acabó, que no hay nada que hacer, que nada va a pasar, lo cual te lleva a la peor etapa.

Los pensamientos de destrucción.  Es donde el espíritu y la emoción de una persona se llena de hostilidad, impulsos, y se torna una persona altamente crítica, sarcástica.  El suicidio más grande no necesariamente es el físico, aunque el físico es lo último; hay gente que comete suicidio diariamente sin quitarse la vida.  Hay gente que comienza a tener patrones autodestructivos por la desesperanza; comen de más, gastan de más, comienzan a irse a extremos de forma impulsiva; es cometer suicidio.  Se dice, psicológicamente hablando, que el adulterio en los líderes ministeriales es el resultado de que en la mente de ese líder esa es la única solución o salida para renunciar al ministerio.  No se atreve renunciar, y prefiere cometer un pecado para que sea eso lo que lo descalifique, porque así la responsabilidad no es de él, sino que lo sacaron.  Eso es suicidio ministerial.  ¿Cuánto suicidio tú has cometido en tu vida?  ¿Cuánto dinero ahorrado has botado en un momento de depresión?  ¿Cuántas acciones autodestructivas has asumido?  Quizás nunca has intentado literalmente quitarte la vida, pero analiza por un momento.  Tus expectativas no se cumplen y el tren arranca hasta que llega el descontento, va tomando fuerza y comienzas a autojustificarte, y después empiezas a preguntarte para qué esforzarte y concluyes que mejor no haces nada.  Es un suicidio.  ¿Cuántas acciones autodestructivas tienes tú hoy?  El dejar de comer o el comer de más; hasta el ahorrar de más, porque la Biblia dice que ay de aquel que retiene de más y no esparce lo que tiene que esparcir.  Si ahorras por miedo y no eres capaz de disfrutar del bien de tu trabajo, es autodestructivo.  Igual el que gasta de más, el que se excede en sus tarjetas de crédito, el que comienza a tener relaciones erróneas en su vida de todo tipo.  Todos somos suceptibles a esto, y tenemos que detener ese tren en nuestros pensamientos.  Si no lo haces y dejas que coja vuelo, lo que va a ocurrir es que te va a llevar a todo tipo de acción autodestructiva.

Ante ese tren de las expectativas no cumplidas, tú tienes que aprender siempre a creer en la mano providente de Dios.  Dios tendrá algo mejor, Él hará algo más grande; si no te salió como tú pensabas, entonces mejora para la próxima vez; aprende lo que tienes que aprender de esa situación y detén el tren.  Pablo decía: He aprendido a estar contento en todo; sé tener mucho y sé tener poco, pero todo lo puedo en Cristo que me fortalece.  Cuando tienes poco, todo lo puedes en Cristo que te fortalece; Cuando tienes mucho, no confíes en lo mucho que tienes porque todo lo puedes en Cristo que te fortalece.  Tengas poco o mucho no importa porque todo lo que puedes hacer, puedes hacerlo porque todo lo puedes en Cristo.  Aprende a contentarte.

Fuente:
Otoniel Font

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