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El pacto de Dios contigo

El término pacto aparece continuamente en la Biblia, y es uno que se nos hace difícil entender todo lo que implica. Uno de los problemas que tenemos es ver las cosas diferentes a como Dios las ve, y pretender obtener todo lo que Él nos ha prometido. La idea del matrimonio, por ejemplo, se ha denigrado a un mero contrato natural, carnal, de la tierra, y no se entiende la relación de pacto que debe existir entre un hombre y una mujer. Se ha perdido de vista la intención de Dios detrás de esa unión tan poderosa. Lo mismo pasa cuando reducimos nuestra relación con Dios a ciertos actos religiosos, naturales; perdemos de vista todo lo que Él quiere hacer con nosotros y en nuestras vidas.

Esa palabra pacto es vital para que tú puedas obtener la libertad económica que Dios te ha prometido. Por lo general, se ve solo el aspecto espiritual del pacto, y no nos damos cuenta del compromiso y la oportunidad que hay detrás de entender lo que Dios hizo por nosotros a través de su Hijo en la cruz del Calvario. La decisión de Dios de amar al hombre y sus acciones por nosotros no incluyen tan solo la salvación de nuestra alma, de nuestro espíritu en un futuro, en el más allá, sino que incluyen también grandes beneficios en esta tierra. En el cielo, tú no necesitas prosperar, pero en esta tierra sí. Y cuando tú entiendes lo que es el pacto de Dios para tu vida, te das cuenta que sus promesas incluyen no tan solo un futuro cierto, seguro, lleno de paz, bendición e intimidad con Él, sino que también incluye un futuro terrenal que, aunque temporero, también es digno de la vida de un creyente.

En una ocasión, los discípulos cuestionaban al Maestro qué pasaría con ellos, si al joven rico le acababa de decir que sería muy difícil que un rico entre al reino de los cielos; y Jesús les dijo: No hay nadie que haya dejado casa, padre, madre e hijos, que no reciba cien veces más aquí y ahora, y en el más allá la vida eterna. Los religiosos se concentran en lo que se recibe en la vida eterna, y olvidan el aquí y ahora. Pero, si tú entiendes lo que Dios quiere hacer por ti, si entiendes su pacto contigo, recibes en el más allá la vida eterna, y también beneficios en el aquí y ahora. El pacto de Dios contigo incluye todas sus promesas, las espirituales y las terrenales.

“15 que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; 16 que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; 17 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. 18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.” Deuteronomio 8:15-18

Todo lo que Dios hizo pasar al pueblo de Israel, fue para después hacerle bien, fue a fin de confirmar su pacto; Y una de las formas en que Él confirma su pacto es dándote la capacidad de levantar finanzas, riquezas, que tú veas el bien en tu vida. Él le recuerda al pueblo que pasaron problemas en el desierto, dificultades; Él quería que vieran que Él puede sacar agua de una piedra, traer del cielo lo que necesitaban. Dios siempre se ha querido probar a tu vida, dejarte saber que Él quiere es el bien para tu vida. A través de tus dificultades, conflictos, las cosas que has pasado, si miras bien, te das cuenta que Dios siempre ha demostrado que lo que Él quiere es el bien para ti y los tuyos.

Dios tiene cuidado de sus hijos, en medio de los desiertos; Hay una palabra que Él ha empeñado, un pacto que Él ha hecho, algo que Él ha dicho que va a hacer, una relación que va más allá de tus acciones y decisiones, va directamente a una relación con Dios y a una pablara que Él empeñó y que Él dijo que Él iba a hacer.

Esto no significa que si una persona no diezma o no ofrenda, Dios no vaya a cuidar de ella. Tus hijos, por ser tus hijos, tienen unos beneficios; Tú tienes ciertos compromisos con ellos, que van más allá de lo que ellos hagan o dejen de hacer. Tú no puedes evitar que ellos pasen por desiertos, por dificultades; a veces, tienes que provocar que pasen por ciertas cosas; pero tu relación con tus hijos es una de pacto, que te obliga a permanecer con ellos y cuidarles. Cuando entiendes esto, puedes ver tu relación con Dios de una manera totalmente diferente. Esto fue lo que el Señor le quiso enseñar a Jacob en un momento crucial de su vida. Jacob se encuentra huyendo, había engañado a su papá, había provocado que su hermano hiciera un mal negocio, se aprovechó de una debilidad de su hermano, Esaú, y ahora Jacob se encuentra huyendo por su vida. Y es muy curioso porque, en Génesis 28, Dios le da una palabra a Jacob; le dice que lo va a bendecir, lo va a prosperar, y no lo va a dejar hasta que haya hecho lo que Él ha dicho. Y le añade, en otras palabras: No se trata de ti, sino de que yo hice un pacto con Abraham, tu abuelo, y con tu padre, Isaac; quizás hoy te encuentras en estas dificultades, pero yo di mi palabra de que te voy a cuidar, y yo la voy a cumplir.

Dios ha hecho un pacto de cuidarte, de guardarte, y Él ha de mostrarse fiel a tu vida. Has estado orando para salir de los problemas, de las crisis, del desierto, sin darte cuenta que lo que tienes que ver es el maná que ha estado cayendo del cielo, que Dios ha sacado agua de la peña, ha tornado aguas amargas en aguas dulces. Cuando ves las transiciones que has vivido, recuerdas tus oraciones para que Dios te saque de esas situaciones; pero cuando aprendes a ver que Dios tiene un pacto contigo, independiente a tus acciones, a tus circunstancias, puedes ver que entonces maná cae del cielo, como Dios saca agua de la peña, y como Él te muestra que Él va a cumplir su palabra a pesar de tus errores y dificultades.

Fuente:
pastor Otoniel Font | Puerto Rico

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