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El hombre y la naturaleza ante Dios

“El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara”. Génesis 2, 15

A diferencia de cómo usualmente inicio mis escritos, esta vez inicio con un versículo bíblico para formular el aserto que fundamentará toda mi exposición: somos custodios y administradores de los recursos naturales.

Desde el inicio de los tiempos, el hombre, ser bastante indefenso, fue desarrollando la capacidad de modificar su medio ambiente con el fin de suplir sus necesidades. Esto hizo que lentamente aprendiese a talar, cultivar, pescar, cavar, domesticar animales y alterar especies.

Durante miles de años, la presión del hombre sobre los recursos naturales era insignificante. Recordemos que la parca era sumamente efectiva y una sola peste, o una hambruna o un clima adverso, condenaban a la muerte a miles de personas. Pero lentamente, los seres humanos empezaron a vacunarse, a tomar la higiene en serio, y eso provocó una explosión demográfica sin precedentes. En 150 años han nacido mas seres humanos que en el resto de la historia humana.

Ese crecimiento desmesurado, ha generado un desequilibrio que había sido advertido por teóricos económicos como fue Malthus, quien señaló que las cosechas y los recursos naturales bióticos se reproducen aritméticamente, mientas que la población humana lo hace de manera geométrica. Esto implica que siempre habrán pobres con hambre y fuera de toda ley.

Todo lo anterior ha aumentado el ritmo de destrucción de los recursos naturales. Han desaparecido miles de ríos y de lagos. Tenemos miles de kilómetros llenos de contaminantes que envenenan a sus habitantes. Tenemos aire irrespirable. Han desaparecido miles de especies animales y vegetales.

La humanidad parece estar en una fiesta, y en medio de su embriaguez, creen que no tendrán que pagar la cuenta, pero la cuenta siempre se paga. Y cada día se acumulan intereses y la hora del juicio se acerca.

Hemos desaprovechado los regalos que nos dió El Creador, y los hemos maltratado e infravalorado. Aparte, nuestro egoísmo, nuestra ceguera y actitud de qué primero nosotros y luego que entre el mar, ha provocado que las futuras generaciones sean cada vez más pobres.

Cuando los compromisos no se honran a tiempo, las formas se pierden, y el acreedor usa métodos coercitivos para cobrar. La naturaleza se está encargando de cobrarse las afrentas sufridas. Tormentas cada vez más violentas, sequías o inundaciones bíblicas, plagas, enfermedades nuevas o brotes de enfermedades supuestamente extintas, y los únicos responsables hemos sido nosotros.

Podemos ayudar reforestando, tratando de reciclar, limpiar y usar menos plásticos y contaminantes, pero ya se ha hecho tanto daño que las consecuencias son irreversibles, y cada año será peor.

Fuente:
Dr. Néstor Saviñon

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