
Hoy, el Espíritu Santo está despertando una verdad en medio de Su Iglesia:
no fuimos llamados solo a ver la necesidad…
fuimos llamados a responder con el corazón del Padre.
En un mundo donde el dolor y la escasez tocan a millones, Dios sigue buscando un pueblo sensible, dispuesto y lleno de compasión. No para señalar la crisis, sino para manifestar Su amor en medio de ella.
Porque mientras muchos preguntan “¿qué está pasando en el mundo?”,
el cielo está preguntando:
¿quién irá y responderá en Mi nombre?
La realidad es clara: hay hambre, hay necesidad, hay quebranto.
Pero también hay una Iglesia que está siendo despertada para no permanecer indiferente.
La Palabra de Dios nos muestra este mismo corazón cuando David declaró:
“¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia?” (2 Samuel 9:1)
Esa no fue solo una pregunta… Fue una manifestación del Reino.
David buscó a Mefi-boset, un hombre olvidado, marcado por la caída y la pobreza, viviendo en Lodebar —un lugar de escasez—, y lo levantó, restaurando su dignidad y sentándose en su mesa.
Así es el corazón del Padre:
no ignora al caído… lo restaura.
Hoy, ese mismo llamado sigue vigente.
No se trata de cuánto tenemos, sino de cuánto estamos dispuestos a dar.
Porque mientras algunos viven en abundancia, otros no tienen nada.
Y en medio de esa realidad, el cielo sigue preguntando:
¿A quién mostrarás misericordia hoy?
Jesús lo afirmó claramente:
“Tuve hambre, y me diste de comer…”
No es solo una enseñanza…
es la evidencia de una vida transformada por Él.
Adaptado a la reflexión y fuente Alberto Vega.



