Voz del Tabernáculo

CUANDO DIOS BENDICE, PERO TAMBIÉN TRATA CON EL CORAZÓN

Texto bíblico: Deuteronomio 8:2
“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios… para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón.”

Hay momentos en que Dios comienza a bendecir nuestra vida, abre puertas, responde oraciones y nos permite ver cumplidas cosas por las que hemos clamado durante mucho tiempo. Pero, mientras Dios bendice nuestras manos, también puede estar tratando con nuestro corazón.

Porque Dios no solamente está interesado en darnos, sino también en formarnos.

Una bendición en manos de un corazón que todavía necesita ser tratado puede convertirse en una prueba. Por eso, antes de llevarnos a ciertos lugares, Dios trabaja en nuestro interior. Él quita el orgullo, corrige nuestras motivaciones, nos enseña humildad y nos recuerda que aquello que recibimos de Sus manos nunca debe ocupar el lugar del Dios que lo entregó.

A veces preguntamos: “Señor, ¿por qué me estás tratando si ya me bendijiste?”

Y quizás la respuesta sea: “Precisamente porque te estoy bendiciendo, necesito preparar tu corazón para lo que viene.”

Dios puede aumentar tus recursos, pero también quiere aumentar tu dependencia de Él. Puede darte reconocimiento, pero quiere enseñarte humildad. Puede abrirte una puerta, pero quiere asegurarse de que cuando entres por ella no olvides quién fue quien la abrió.

La bendición no debe alejarnos del altar; debe llevarnos más cerca de él.

Hay personas que oran por recibir de Dios, pero pocas oran:
“Señor, trata conmigo. Cambia lo que tenga que cambiar. Arranca de mí todo aquello que pueda impedir que tu bendición produzca fruto.”

Porque el verdadero propósito de Dios no es solamente que tengamos una bendición en las manos, sino que Cristo sea formado en nuestro corazón.

No tengas miedo cuando Dios te trata contigo. Su trato no siempre es rechazo; muchas veces es preparación. El Padre corrige porque ama, poda porque quiere que llevemos más fruto y permite procesos porque está formando en nosotros un carácter capaz de sostener aquello que Él ha determinado entregar.

Dios quiere bendecirte, pero también quiere poder confiarte la bendición.

Que cuando lleguen las puertas abiertas, no olvidemos al que las abrió.
Que cuando llegue la abundancia, no olvidemos depender de Él.
Que cuando llegue el reconocimiento, sigamos siendo humildes.
Y que cuando Dios nos levante, permanezcamos de rodillas.

Porque una bendición que no cambia el corazón puede convertirse en un peligro; pero una bendición recibida por un corazón tratado por Dios puede convertirse en instrumento para bendecir a muchos.

ORACIÓN

Señor, bendice nuestras vidas, pero sobre todo trata con nuestro corazón. Quita de nosotros el orgullo, la vanidad, la autosuficiencia y todo aquello que pueda apartarnos de Ti. Enséñanos a recibir Tus bendiciones sin olvidar al Dios que las concede. Prepararnos para lo que viene y haz de nosotros vasos útiles para Tu gloria. Amén.

Voz del Tabernáculo  Ministrando Paz, Amor y Esperanza.

Margarita García

Margarita García

Directora del Tabernáculo Prensa de Dios

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