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Una Vida Dedicada a la Restauración Espiritual y Social

Recientemente hemos visto diversas reacciones a raíz del lamentable fallecimiento de un joven en un centro de rehabilitación de adictos de La Romana.

El problema de las adicciones a sustancias narcóticas ha aumentado exponencialmente en las últimas décadas. Me atrevería a decir que el consumo de sustancias ilícitas está provocando una crisis de alcance mundial y nuestro país no es la excepción.

Soy pastor de la iglesia Comunidad Cristiana de Restauración y llevo 33 años trabajando en temas sociales y espirituales en el sector de Villa Duarte. Con el propósito de dar respuestas a los flagelos sociales que vulneran la dignidad humana, he estado muy de cerca con la realidad de las dependencias de sustancias químicas, lo que me ha permitido hacer alianzas con varios centros cristianos de rehabilitación de adictos, así como en el envío y referimiento de personas a Hogares Crea Dominicano, que viene realizando una labor tesonera desde el año 1975.

El problema de las adicciones es multifactorial y golpea a la familia de forma devastadora. He podido ver de cerca la desesperación, la impotencia, el dolor y la debacle de familias azotadas cuando algún miembro está atrapado en las garras de este cáncer social. Esta realidad incide de manera negativa y directa en la salud, la economía y todo el núcleo familiar. Es una epidemia diseminada en todos los estratos sociales.

Lidiar con personas esclavizadas por los vicios es una labor muy compleja y agotadora, pero además es una gran oportunidad de levantar, animar y socorrer a muchos que han sido desahuciados, no solo por la sociedad, sino también por sus propias familias. En mi caso particular, he tenido que tomar talleres y diplomados en prevención y tratamiento de la enfermedad de la adicción para poder entender un poco mejor la problemática y dar respuestas más certeras a la hora de intervenir y ayudar con mejores resultados. Además de las alianzas que hemos hecho, tuve la oportunidad de dirigir por varios años un centro como presidente de la fundación. También he trabajado con escuelas y colegios ofreciendo charlas de prevención de las adicciones.

En más de dos décadas de trabajo continuo en esta área y de referir personas a decenas de centros cristianos de rehabilitación, he podido constatar una labor desinteresada, comprometida y sacrificial. La mayoría de las organizaciones con las que he trabajado no cobran ninguna cuota y operan con grandes limitaciones para recaudar fondos y suplir alimentos. Otros reciben una cantidad simbólica de parte de los familiares y esto es justo porque los gastos de operación y alimentación de un centro son altos; además del desayuno, la comida y la cena, se paga alquiler, agua, luz, teléfono y otros servicios.

La Red Nacional de Centros Cristianos de Rehabilitación de Adictos, RENACERÁ, aglutina alrededor de 28 centros. Conozco a la mayoría de los directores de estos programas con quienes he estado interactuando por mucho tiempo. Ninguna institución humana es perfecta, pero puedo decir que, en su mayoría, muchos de estos centros trabajan con bastante precariedad, movidos solamente por el amor al prójimo y su vocación de servicio.

No se puede caer en juzgar y medir a todos los centros de rehabilitación con la misma vara, eso sería un acto de injusticia. La mayoría de los centros, realizan un trabajo social de gran impacto. De ninguna manera justifico la mala práctica de aquellos que trabajan sin ningún criterio, movidos muchas veces por metas pecuniarias y por la avaricia, sin ningún tipo de vocación social. No creo que una persona deba ser sometida al tratamiento a la fuerza, aunque hay excepciones para aquellos que tienen trastornos mentales y el procedimiento es diferente.

En sentido general, el cambio se produce luego que un adicto, motu proprio, decide buscar ayuda e intervención. La triste realidad del problema de las adicciones es que los resultados a largo plazo no son halagüeños porque el índice de recaídas es muy elevado. Para enfrentar este problema se necesita tanto la ayuda profesional como la espiritual.

He visto, a través del tiempo, transformaciones genuinas y duraderas en aquellos que han decidido hacer de Cristo su Señor, Maestro y Amigo.

Fuente:
Feliz Caraballo

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