Tus capacidades, y las capacidades de Dios

Tus capacidades, y las capacidades de Dios

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Comenzamos este año planificándonos para los próximos diez, pero con la consciencia de que esto va cambiando muy rápidamente y que, en el camino, habrá sucesos inesperados.  Nadie en Puerto Rico esperaba un fenómeno como el huracán María, por ejemplo.  Nuestro propósito con esta serie es que te fijes metas para tu vida, creyéndole a Dios diez años hacia delante.  Mientras otros piensan a corto plazo, nosotros declaramos en el nombre poderoso de Jesús que lo que aprendas a través de estos mensajes no solo lo aplicas este año, sino por la próxima década.

Comencemos hablando de la madurez espiritual.  Tenemos que aprender a ser maduros espiritualmente hablando.  El término espiritual como adjetivo es utilizado también de manera secular o por otras religiones; tú tienes ciertas características que, a ojos de ciertas personas, te hacen ver espiritual.  Pero eso no es lo que te hace espiritual.  La connotación que estaremos tocando de lo que es espiritual es un nivel de madurez en esa área.  El que estés leyendo este mensaje puede significar que seas una persona espiritual, porque estás buscando educarte en esa área.

Espiritualidad viene del latín y se refiere al alma.  Lo que por lo general la gente considera espiritual es relativo, o sea, en relación a alguna cualidad que puedan identificar en tu vida.  Ven un brillo en ti, y te consideran espiritual; pero el que haya gente que te considere espiritual, no te hace espiritual.  El crecimiento del creyente es uno marcado y dirigido por la Palabra, y consta de varias etapas, entre ellas, la introductoria, el nuevo nacimiento, que es como se nos presenta el Evangelio.  Jesús enseñaba un nuevo nacimiento, y hasta llegar a la estatura del varón perfecto.  Así que hay unas etapas, un caminar para llegar a esa estatura y se nos considere entonces espirituales.

12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,”  Efesios 4:12-14

El apóstol Pablo escribe acerca de la unidad del Espíritu, y establece una organización eclesiástica.  Dice que el Espíritu constituyó a unos profetas, a otros apóstoles; y en este verso nos habla del propósito de edificar al cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos a unidad de fe, conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto.  Establece una unidad, una organización y unos detalles que te hacen entonces llegar al nivel de un varón perfecto.

Había una ocupación del apóstol Pablo acerca de la gente que podía parecer un niño fluctuante.  Pero debían llegar a la estatura del varón perfecto.  Pablo nos habla de varias cosas que debemos aplicar en nuestra vida para alcanzar esa madurez:

  1. Perfección.  Habla de unidad y de organización ministerial para lograr entonces en nuestras vidas perfección.  No vamos a ser perfectos, pero sí debemos aspirar a la perfección.  Creemos en la excelencia, aspirando a la perfección, para dejar de ser niños fluctuantes.
  2. Edificación.  Si lo que haces no edifica, estás actuando como un niño fluctuante.
  3. Conocimiento.  A través de estos mensajes, tú adquieres conocimiento.  Tienes que aprovechar tu tiempo para adquirir el conocimiento que vas a necesitar para los retos que van a venir, para que no tan solo sobrevivas, sino que sobresalgas aun en medio de esos tiempos.

Aplicamos estas tres, para que nuestra mentalidad cambie y, de ser niños, pasemos a ser cristianos maduros.  El ser espiritual lo que apela es a la madurez.  Madurez es el juicio prudente o sensato.  ¿Cómo estableces ese juicio sensato y prudente?  Con lo que hay en tu mente, con lo que has edificado, perfeccionado y con el conocimiento adquirido.  Ahí llegas a madurez.  La madurez es también definida como la edad de un individuo que disfruta plenamente de sus capacidades.  No solo analices tus capacidades, sino analiza si conoces todas las capacidades de Dios, y si tú las estás experimentando.

Una persona espiritualmente madura no solo disfruta plenamente de sus capacidades, sino de las capacidades de Dios.  Para eso alcanzamos madurez, para ser prudentes, sensatos, y para disfrutar plenamente de nuestras capacidades y de las que podemos tener en Dios.

La madurez trasciende un periodo cronológico.  No depende de la edad.  Hay personas mayores que, por sus acciones, las has catalogado de inmaduras.  Pero si nos dejamos llevar por lo espiritual, algunos tenemos cierta edad que nos podemos considerar maduros, pero lo que andamos es viviendo inmadureces.  Ante el primer problema y luego de tanto tiempo en el Evangelio, creemos tener las herramientas, pero resulta que no conocemos nuestras capacidades ni las de Dios porque no hemos decidido ser maduros.

La madurez se vincula, además, a una actitud y a un estado de la mente.  Lo difícil del Evangelio no es convencer nuestro espíritu, sino convencer nuestra mente de lo que nuestro espíritu está convencido.  El Espíritu Santo ministra a nuestro espíritu.  Somos nosotros a través de esa ministración, quienes tenemos que ministrar a nuestro espíritu y a nuestra mente, y convencernos que lo que dice la palabra de Dios es real.  Y no es real cuando lo dice la Palabra, sino cuando se hace real en tu vida y lo ejecutas.

11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.”  1 Corintios 13

Tres cosas cambian cuando estableces madurez: Lo que hablas, cómo piensas y cómo juzgas.  Tú no juzgas de la misma manera una situación siendo adulto que cuando eras niño.  Las responsabilidades cambian, y la manera de juzgarlas también.  No hay nada malo en parecer niños al inicio; malo es que transcurra el tiempo y sigas teniendo acciones de niño, hablando como niño.  Puedes recibir la misma palabra siendo niño espiritual o ya siendo maduro, pero es tu acción la que va a hacer la diferencia.  Puedes tener información, lo difícil es accionar por ella.  Y de eso se trata la madurez espiritual.

Quizás te has dado una y otra vez con un mismo problema.  ¿Cuál ha sido tu reacción ante esto?  ¿La misma?  Actúas como niño.  Cambia como hablas, como piensas y cómo juzgas.

Fuente:

Pastor Otoniel Font

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