¡Testimonio de su grandeza y poder!

¡Testimonio de su grandeza y poder!

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En el invierno del 2016 la historia de las noticias del diario acontecer, narran la tragedia, la pesadilla de un hombre entre la vida y la muerte.
Es un hombre que del amor dio su corazón, durante 30 largos años, al cuidado del abrigo. Sustentó el amor fiel a su amada esposa e hijos, en un vínculo de familia patriarcal, quienes gozaban del bien de la paz y el gozo de vivir en armonía.
Hasta que un día, después de 30 largos años, como la serpiente en el Edén susurrando al oído de su mujer que, el día que comiera de la fruta del árbol del bien y el mal, sería igual a Dios, su mujer maquinó lo siguiente: Voy a reconquistar a mi marido, para que me renueve la visa a Estados Unidos, a mí y mi hijo; y cuando esté en Nueva York le voy a «decir» en la primera llamada: que se olvide de mí y mi hijo, porque para Santo Domingo, no vuelvo más.
Esta desafortunada llamada caló en lo más profundo del corazón de este hombre amante de su mujer e hijo, cual puñalada de muerte en el mismo centro de su corazón, por lo que días tras días no paró de llorar, atormentándose del hecho de maldad, de traición sin razón, destruyendo su universo de familia, ahora sin hijo ni mujer.
Don Alfredo le ha perdido el valor a la vida. Ya no ama trabajar con pasión en la fábrica de calzados. El calvario de agonía de la depresión y la ansiedad lo llevan “como cordero al matadero” por terminar por su propia vida, y decide ponerle fin a la existencia de su vida. Toma la decisión de escribir una carta explicando las razones del por qué se iba a matar, organizando y dejando todo preparado.
Recordemos que, en la santa palabra, la Biblia, está escrito que Dios obra por senderos misteriosos y abre caminos donde no hay. “Así dice el SEÑOR, que abre camino en el mar y sendero en las aguas impetuosas;” (Isaías 43:16) Como Dios es omnipotente y sabe todo lo que ocurre en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, tiene el cuidado y protección de lo suyo. Es por ello que usó la necesidad de esta sierva, quien tenía un par de zapatos para arreglar el 24 de diciembre. Llegué a la fábrica del calzado de don Alfredo donde se encontraba en la hora cero, decidiendo entre la vida y la muerte. Cuando me encuentro en el lugar, noté un ligero cambio dramático en el carácter y temperamento del zapatero y sus empleados, razón que me llamó poderosamente, buscando enterarme, como periodista al fin, de qué pasaba allí. Y, gracias a Dios, uno de los jóvenes presentes que estaban nerviosos y asustados, me confirma que el señor Alfredo estaba preparando su muerte e iba a terminar con su vida.
Llena de asombro, consciente de que era un plan del mismo diablo para acabar con la vida de aquel hombre, pude acercarme a esa alma angustiada y llena de dolor, con la gracia del Espíritu Santo de Dios; y hablándole de parte de Dios, con el Espíritu Santo, pude tocar el corazón ensangrentado de aquel hombre, quien comenzó a llorar y a confesar que se iba a matar y que tenía un mapa del puente de la 17, para poder decidir si se tiraba a las corrientes profundas del río, o en lo seco, para conseguir su muerte fatal. Pero un manto de misericordia tuvo Dios para salvar aquel hombre de las puertas del infierno.
Este hombre fue salvado de ahogarse en las aguas del rio. Fue salvado de lanzarse del puente de la 17 al vacío del pavimento, y salvada su alma, confesando a Jesucristo como Salvador, entregándole su historia de muerte, para una nueva vida en Cristo Jesús, a través de esta sierva del Tabernáculo. ¡A él sea la gloria! Dios está diciendo hoy lo mismo a su Iglesia, terminando el año, Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos Zacarías 1:3 La Biblia dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:35:39)
Aquí el apóstol Pablo nos enseña su determinada convicción, la cual debemos tener en la iglesia del Señor hoy día. Arrepentimiento en la vida sobre el camino a la conversión, la cual es un acto permanente en la vida, hasta su último día de existencia en la tierra.
Finalmente, recordemos las palabras de nuestro Señor Jesucristo que dijo:” De la misma manera, os digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”  (Lucas 15:10) Aquel día, los ángeles cantaron junto al alma arrepentida de Don Alfredo. ¡Aleluya! Gloria A Dios.!!
Fuente:

Margarita Garcia

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