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 La misericordia de Dios te alcanzará

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:8

Esta es una temporada de gran transición y movimientos. Es importante que permitamos que las puertas que el Señor está cerrando, las relaciones que están cambiando, y las cosas en las que hemos estado involucrados, ahora cambien. Individualmente y como Cuerpo de Cristo, el Señor está haciendo algo nuevo (Isaías 43:18-19). Muchas veces tratamos de llevar viejos hábitos, mentalidades, y vestiduras viejas a nuevas temporadas. No funcionará. Lo que nos ha funcionado en temporadas anteriores no funcionará a donde Dios está llevando a Su pueblo. En el espíritu vi a muchos atascados en el barro, y a otros con cuerdas atadas a ellos, tratando de cargar los pesos de la temporada pasada hacia lo nuevo. Es tiempo de despegar, y dejar de mirar hacia atrás. ¡Nos estamos moviendo hacia una temporada de incremento! Mayores visitaciones, mayores sueños, mayor gloria, mayores milagros. Efesios 3:20 dice: Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros.

Es importante que preparemos nuestros corazones y mentes para recibir y habitar en lo que el Señor está liberando. Muchas veces podemos rechazar las cosas de Dios porque no se ven como queremos, o no vienen como pensamos que vendrían. Debemos disponer nuestros corazones para ser guiados por Su Espíritu. No podemos inclinarnos ante nuestra carne o nuestros temores. El temor siempre nos mantendrá alejados de las promesas de Dios. Los hijos maduros de Dios son aquellos que son movidos por el impulso del Espíritu Santo (Romanos 8:14). Cuando permitimos que el Espíritu Santo conduzca nuestras vidas, Él siempre nos llevará a lugares que requieren mayor riesgo y fe. Romanos 8:5 dice: Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.  Cuando presionemos más allá de nuestros temores e inseguridades, experimentamos y encontramos mayores reinos de gloria. ¡Esta es una temporada de incremento!

Mientras meditaba en esta temporada, el Señor me recordó la historia de Mefiboset. Mefiboset es mencionado por primera vez en 2 Samuel 4:4. Cuando tenía cinco años de edad. Saúl y su padre Jonatán fueron asesinados en la batalla. Su nodriza lo recogió para huir, porque temía que David mataría al resto de la familia. En el caos la nodriza dejó caer a Mefiboset, y se convirtió en un discapacitado porque ya no pudo caminar más. El miedo nos hace huir de las promesas. Ellos no sabían que David había hecho un juramento a Saúl que no mataría a sus descendientes (1 Samuel 24). En lugar de esperar a ver qué pasaba cuando David se convirtiera en rey, el temor hizo que Mefiboset corriera, lo que lo convirtió en un cojo. ¿Cuántos de ustedes se han quedado lisiados debido al temor? El temor tiene sus maneras de paralizarnos y detenernos para que no podamos caminar en las promesas.

Mefiboset terminó exiliándose en un lugar llamado “LODEBAR” (2 Samuel 9:4). En hebreo Lodebar significa lugar bajo, sin pastos, desolado. Mefiboset era de la realeza, pero vivía en un lugar de restricción y desolación. ¡Qué contradicción! Mefiboset tenía todo el derecho de vivir en el palacio, pero permitió que el temor lo mantuviera en un lugar aislado y restringido. En 2 Samuel 9 David pregunta si hay algún descendiente de la casa de Saúl. Él descubre que Mefiboset se ha quedado solo. David lo manda llamar para que venga al palacio. Mefiboset teme lo que David tiene que decirle. David le dijo: “No temas, porque ciertamente te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatán, y te devolveré toda la tierra de tu abuelo Saúl; y tú comerás siempre a mi mesa. Se postró él de nuevo, y dijo: ¿Quién es tu siervo, para que tomes en cuenta a un perro muerto como yo? Respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que mi señor el rey mande a su siervo, así hará tu siervo. Y Mefiboset comió a la mesa de David como uno de los hijos del rey. (2 Samuel 9:7-8 y 11)

Mefiboset perdió su identidad como realeza, se veía como un perro muerto. El rey David es un tipo y sombra de Cristo. David restauró a Mefiboset su identidad y lo que era suyo. Cristo quiere hacer eso por ti. Cuando olvidamos quiénes somos, no podemos caminar en lo que es nuestro. Nuestra herencia y posición en Cristo proviene de lo que somos en Él. Dice en el versículo 11 Y Mefiboset comió a la mesa de David como uno de los hijos del rey.   Quiero recordarte, que eres un hijo del Rey. Estás sentado con Cristo en realeza. Es tiempo de dejar de vivir en Lodebar. El Padre te está llamando sal de Lodebar hacia el palacio para restaurarte lo que es legítimamente tuyo. Nunca fuiste destinado a vivir en Lodebar. Siempre has estado destinado al palacio. (Madeline James)

Jeremías 30: 18-19 Así dice el Señor: “He aquí, restauraré el bienestar de las tiendas de Jacob, y tendré misericordia de sus moradas; será reedificada la ciudad sobre sus ruinas, y el palacio se asentará como estaba. “Saldrá de ellos canto de acción de gracias y voz de los que se divierten; los multiplicaré y no disminuirán, los honraré y no serán menospreciados.

Con amor y oraciones.

Fuente:
Magie de Cano

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