Jesús en tu vida

Jesús en tu vida

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En el evangelio de Juan, ocurren siete milagros, que muestran la deidad de Jesús. Cambió el agua en vino; Sanó al hijo del noble y al paralítico de Betesda; Multiplicó panes y peces para alimentar cinco mil hombres; Calmó la tempestad; Sanó a un hombre que había nacido ciego; Y levanta a Lázaro de los muertos. Cuando miramos Juan 20:30-31, Juan termina diciendo: “hizo además Jesús muchas otras señales, en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”. Se concluye que fueron tantos milagros que no se pueden escribir. Los que se escribieron fue con un propósito: Para que ustedes creyeran que él era el Hijo de Dios. Este fin está bien claro en Juan 2, cuando él cambia el agua en vino, después de esto, sus discípulos creyeron en él. Juan siempre liga cada milagro para que sus discípulos creyeran que Jesús era el Hijo de Dios. No meramente la masa, que sus discípulos entendieran verdaderamente: Este es el Hijo de Dios; Este viene a cumplir y a completar todas las cosas, a cambiar el sistema antiguo, que no sirve, que está vacío.

En Juan 2, vemos cuando hace referencia al vino y, en otros evangelios, vemos la parábola del vino y los odres, que dice que no podemos poner vino nuevo en un odre viejo porque el odre viejo, cuando el vino se fermenta, lo va a explotar y se pierde; hay que poner vino nuevo en odre nuevo. Ese milagro demuestra que Jesús tenía autoridad sobre el tiempo, sobre lo que es bueno, y que Jesús vino a cambiar el sistema tradicional. Dice que había seis tinajas de agua preparadas para el rito sacerdotal, estaban vacías, limpias y preparadas para la ceremonia religiosa. ¿Qué hizo Jesús? Llénalas de agua, porque ese sistema religioso, aunque está limpio, está vacío y, mientras está vacío, la fiesta se acaba; Llenemos de agua ese sistema viejo y vacío, y saquemos de aquí el mejor vino. La iglesia tiene que coger el sistema viejo, que está vacío, que puede aguantar el agua, pero sacar ahora, el vino nuevo que Dios tiene. Jesús estaba diciéndoles: Yo soy el que vengo a cumplir con todo esto, a erradicar todas estas cosas. Él dijo que no importa quién pecó, si él o sus padres; Porque él no iba a luchar con teología, él iba a hacer el milagro que tenía que hacer, y aquel muchacho quedó sano al instante. ¿Qué fue lo que pasó con el paralitico de Betesda? Treinta y ocho años esperando que las aguas se movieran, y nada había pasado. Jesús le dijo: Ya no tienes que seguir esperando; Ese mover viejo se terminó; Lo importante es que Yo estoy aquí y vas a recibir el milagro en este momento. Cada milagro iba apuntando que Jesús era el Hijo de Dios.

Hay varias enseñanzas vitales en el Evangelio de Juan. A través de todo el libro de Juan se hace un contraste de Jesús y el enemigo, o Jesús y el sistema religioso. Se establece que solo en Jesús podemos encontrar la salvación y vida eterna. En Juan, vemos que Jesús contrasta todas las cosas; Jesús dice: El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; pero yo he venido para darte vida, y vida en abundancia. Jesús siempre se contrasta con el enemigo y con el sistema religioso. Jesús quiere aclarar al mundo qué es lo que viene de él, diciendo: No me eches a mí la culpa de lo que te roban; El que roba es el diablo. La religión todavía achaca a Jesús y a Dios cosas que Él no hace. Múltiples veces, Jesús dice: El sistema religioso te pone cargas pesadas, pero sígueme, que mi yugo es fácil y ligera mi carga; Venid a mí los trabajados y cansados que yo os haré descansar. Uno de los problemas que tenemos con la iglesia, es que la gente no siente la diferencia entre estar en el mundo y servirle al Señor. Porque aquí, en vez de liberarlos, les ponen más cargas, los señalan más. Imagínate, vas a la iglesia y te dicen que el diablo te va a llevar o decirte que todo lo que te está pasando es porque hiciste algo malo. Y pudieran argumentar que la Biblia dice que la maldición nunca vendrá sin causa; Y sí, es verdad. Pero no quiere decir que tú eres la causa de todos tus problemas. Todo problema tiene una causa; Eso no quiere decir que tú causaste el problema. Porque hay problemas con los que trabajas que son causados por las decisiones de otros; Pero, si piensas que eres el causante, siempre vivirás con la culpa y nunca resolverás ninguno. Hay algunos que causaste, pero no todos. Dios no es el que te prueba, te condena y te señala; Todo lo contrario. Es el sistema religioso que pone carga; Es el mundo, el enemigo quien pone presión, te roba, en medio de tus crisis y dificultades. No es Dios quien te quita para probarte; Él te dice: Yo he venido a darte vida, y vida en abundancia; Vengo a llenarte, he venido para que tu fiesta continúe. Tiene que haber un momento en que entiendas esto, y contrastes a Jesús y lo pongas en el lugar correcto en tu vida. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, es la Puerta de las Ovejas. Él es el que satisface tu vida.

En Juan, se nos muestra, además, el poder de una identidad clara. No puedes alcanzar tu destino, si no estás claro y confiado en quien tú eres en Dios. El mundo pone confusión en nuestras ideas y distorsiona nuestras imágenes. Tenemos que vivir claros con la identidad que Dios nos ha dado. Cuando recibes a través de la Palabra, quién es él, entonces puedes entender quien tú eres. Cuando entiendes quien tú eres, puedo caminar en esta vida firme, con autoridad, sin confusión. Tú tienes el poder de una nueva identidad en tu vida. Tienes que estar claro de quién tú eres, de quien Dios te ha hecho, de lo que tú eres para Él y para esta tierra, para el reino de Dios, y caminar con esa seguridad.

El Evangelio de Juan, viene a establecernos en el presente, en el hoy; Quién y qué es Dios para ti hoy. Cuando vives en el pasado y en el futuro, pierdes lo único que tienes: El día de hoy. Lo único que tú tienes es este momento; Un segundo que pasa, jamás vuelve, y el próximo, no lo tienes seguro. Puedes traer a Jesús a tu presente, darle gracias por lo que él es hoy para ti. Cuando Jesús enseñó a orar, dijo: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. El de cada día; En otras palabras: Sé que tienes provisión para mí mañana, pero dámelo hoy. Tu vida cambia para siempre, cuando tú eres capaz de traer a Dios al momento de tu vida. ¿Quién es Jesús para ti hoy, ahora? ¿Qué tú necesitas para ti, hoy? ¿Tú necesitas que Él sea nube para tu desierto? Él lo va a ser. ¿Necesitas que Él sea agua? Él va a ser agua. Él era la nube que cubría al pueblo de Israel, dándole sombra en medio del desierto; y, por la noche, la columna de fuego para darle la calefacción que necesitaban para sobrevivir. ¿Qué tú necesitas que Él sea en tu vida, hoy? Él es lo que debes procurar para que tu presente cambie para siempre.

Fuente:

pastor Otoniel Font | Puerto Rico

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