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Este día, mientras muchos celebran, yo lo recuerdo. Y en ese recuerdo hay gozo y paz

Aún escucho su voz en mi memoria.

Aún espero, por un segundo, que suene el teléfono,
y que esa risa tan familiar me diga: “Hola, mamá”.
Mi madre partió hace muchos años, pero no hay noche en que no piense en ella.
Mi hijo también partió. Apenas hace tres años tenía
nueve años viviendo lejos, pero ni un solo día lejos de mi corazón.
Llamadas diarias, detalles, conversaciones largas.

Compartimos la vida, aunque nos separaba un océano.

Hoy, la vida me ha dejado este silencio.

Pero no es un silencio vacío.

Es un eco del amor que nos tuvimos, un susurro de eternidad.

Porque cuando se ama a Cristo, la muerte no tiene la última palabra.

Nos volveremos a ver.

Y mientras tanto, honró su memoria viviendo con fe,
honrando su vida con esperanza,
y sosteniéndome en el Dios que guarda nuestras lágrimas como un tesoro (Salmo 56-8).
Este día, mientras muchos celebran, yo lo recuerdo.

Y en ese recuerdo hay gozo y paz.

Porque el amor que dimos y recibimos fue real, eterno, y fue sembrado en Dios.
Señor, gracias por los tesoros que me diste en ellos.

Gracias por una madre que me enseñó a amar,respetar y valorar,
y por un hijo que supo honrarme con su vida.

Sana mis momentos de tristeza con Tu consuelo eterno.

Y ayúdame a seguir adelante, sabiendo que el amor verdadero nunca muere.
Te lo pido en el nombre del Padre,Hijo y Espíritu Santo.

El amor nunca deja de ser. 1 Corintios 13-8.

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