Dios se corre el riesgo

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12 Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. 13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.”  Marcos 1:12-13

Esa palabra impulsó, en inglés es la palabra inmediatamente.  Inmediatamente después de ser bautizado, inmediatamente después de que el Espíritu viene sobre él y es reconocido, es llevado al desierto.  Y estuvo allí cuarenta días.  Y allí estaba Satanás, las fieras y los ángeles.  Siempre en el desierto está el diablo, están las fieras esperando que te mueras para comerte pedazo a pedazo, pero también en el desierto están los ángeles que Dios te envía para servirte para que puedas completar ese proceso.

Inmediatamente que Jesús es mostrado al mundo en lo que era su momento más alto hasta ese punto, cuando es expuesto y se establece lo que él va a hacer y el mundo lo reconoce, inmediatamente llega la tentación.  Los momentos de mayor tentación en la vida de un cristiano no es cuando está en problemas, sino cuando hay avance y progreso en su vida.  La tentación, cuando te llega, te dice dos cosas: Eres salvo y avanzaste en algo.  Tú no te diste cuenta, pero si te llega una tentación, lo que está diciendo el enemigo es que has llegado a un nivel donde ya le representas una amenaza.

Cada vez que hay avance en tu vida, ya sea espiritual, financiero, mental, emocional, viene un momento de tentación, de dificultad, para que tú cuestiones si realmente puedes seguir en ese proceso hacia adelante.  Esto es un patrón constante en la Biblia.  ¿Por qué Satanás no tentó a Adán cuando estaba solo?  Porque no había nada que tentar.  Ahora cuando Adán tiene lo que siempre quiso, el enemigo utiliza esa puerta; porque ahora Adán tiene que complacer o a la esposa o a Dios.  Cuando hubo avance, cuando se le soluciona el problema que tenía, aparece la serpiente.  Siempre que hay avance en tu vida, aparece la serpiente.

Abraham sale de su casa a pelear contra varios reyes, y cuando sale de allí, sale con todo el dinero y con su familia.  Abraham va a rescatar a su familia que está esclava, y sale de allí rico, próspero.  Y tan pronto él sale, le sale el rey de Sodoma al encuentro.  Cada vez que tú tienes avance, vienen propuestas.  El rey le dijo: Quédate con el dinero y dame la gente.  Y Abraham le dice: No; yo me quedo con la gente, y no me quedo con el dinero; le doy los diezmos a Dios -porque tan pronto sale el rey de Sodoma, también viene Melquicedec; siempre que llega la tentación, llega también la salida – le pago a mis sirvientes, y lo que me tocaba a mí, te lo devuelvo porque no quiero que nunca digas que tú me prosperaste.  ¿Era justo, correcto y moral que Abraham se quedara con ese dinero?  Sí.  Abraham conquista varias ciudades y sale con la gente y con el dinero; era justo y correcto que Abraham se quedara con ese dinero, se lo ganó honestamente.  ¿Por qué devolverlo?  Porque tan pronto le hacen la pregunta, ahora se daña el contexto de lo que es correcto y podría dañar su consciencia, si no hacía él lo correcto.  Abraham devuelve el dinero porque ahora aquella tentación, aquel hombre lo ponía en una posición que nos pone la vida muchas veces.  Porque a veces hay cosas que son justas y correctas pero que debemos renunciar a hacerlas porque, aunque son justas y correctas, no mandan el mensaje correcto a tu consciencia ni a los demás.  Y tú tienes que decidir no hacerlo.

Las más grandes tentaciones en tu vida no es cuando todo es blanco y negro, sino cuando es gris.  Porque cuando tú ves el pecado de frente, ya tú sabes que es malo; pero tú tienes que aprender a reconocer cuando hay algo que es justo, pero el contexto en que lo estás viviendo lo daña.

Abraham fue a pelear con esos reyes para salvar a su familia; él no fue por el dinero.  Dios lo prospera porque era lógico que después de esa victoria él tuviera el dinero, y se lo ganó correctamente.  Cuando llega la propuesta “dame la gente y quédate con el dinero”, ahora es que llega la tentación.  Ahí es que Abraham dice: No, no te voy a devolver a nadie, no te vas a llevar la gente.  Porque lo que él salió a buscar fue a la gente.  Tenía que guardar su intención original.  Y como vinieron a ofrecerle el dinero, que era suyo porque se lo ganó, se lo dañaron.  Cuando el rey de Sodoma le dice “quédate con el dinero”, ya está implicando que él se lo va a dejar, cuando no se lo va a dejar porque Abraham se lo ganó.  Por eso es que Abraham dice: Te lo voy a devolver para que nunca digas que tú me prosperaste.  Abraham era rico antes de llegar allí y no permitiría que el rey se llenara la boca diciendo que Abraham era rico porque él lo prosperó.  Dios es quien te prospera y te bendice, quien te da la victoria, y nadie se puede llevar el crédito de lo que Dios está haciendo contigo.  Y para que le quede claro a todo el mundo, Abraham le dio el diezmo a Dios, pagó a los que fueron con él, y le devolvió la diferencia.  Nadie se llevaría el crédito de lo que Dios había hecho con Abraham.

La tentación difícil es cuando tu corazón es el tentado, y tus motivos tienen que ser revelados; y eso no ocurre en momentos de dificultad, sino en momentos de avance y progreso.  Porque en los momentos difíciles, tú sabes lo que es bueno y es malo, pero cuando estás bien, cuando prosperas, cuando progresas, cuando tienes libertad, cuando has avanzado, ahí es que llega la tentación difícil porque ahora esa tentación va a revelar cuál fue siempre tu intención y tu corazón.  Y ojalá en cada momento tú escojas servir a Dios y que tu corazón esté afinado con la presencia de Dios.

Jesús enfrenta varios momentos de tentación, luego de cuarenta días en el desierto.  Es curioso que una de las tentaciones fue entregarle los reinos de la tierra, los cuales le mostró en un momento.  Pero, si se los mostró en un momento, aquello no podía ser mucho.  Siempre el enemigo quiere que tú tomes el momento, pero lo que Dios tiene para ti es más grande que un momento.  Y la tentación de vivir por el momento te hace perder lo eterno de Dios.  Cada vez que el enemigo te presenta una tentación, te presenta el placer momentáneo, y tú tienes que ser capaz de decir: ¿Esto es todo lo que tú tienes para darme?  Dios tiene que tener algo más grande para mí.  Prefiero quedarme en el desierto y tener lo eterno de Dios, que se va a mostrar poco a poco en mi vida, antes que ceder al momento.

Fuente:

Pastor Otoniel Font

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