
¿ESTAMOS ANTE UN MOMENTO QUE PUEDE MARCAR LA HISTORIA DE NUESTRA NACIÓN?
“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.”
Jonás 3:5
Hay momentos que no deben ser contemplados solamente con los ojos de la noticia, sino discernidos con el corazón.
Este lunes, el Palacio Nacional de la República Dominicana abrió sus puertas para una Jornada Nacional de Oración y Acción de Gracias por nuestra nación, convocada por el presidente Luis Abinader, con la participación de representantes de diferentes denominaciones religiosas y servidores públicos.
Y mientras escuchábamos las palabras pronunciadas desde el Palacio Nacional, una escena bíblica viene inevitablemente a nuestra memoria:
NÍNIVE.
Una ciudad que recibió una advertencia de Dios.
Una ciudad que tuvo que detenerse.
Una ciudad que tuvo que reconocer su necesidad.
Y una ciudad cuyo rey entendió que había llegado el momento de humillarse delante de Dios y llamar al pueblo al clamor.
¿No hay algo que aprender de Nínive?
CUANDO EL REY SE DETUVO
El pastor Julio Morales, superintendente nacional del Concilio de las Asambleas de Dios en la República Dominicana, estableció precisamente este paralelo durante la jornada celebrada en el Palacio Nacional.
Recordó al rey de Nínive y destacó que el presidente dominicano hizo una pausa en medio de sus responsabilidades para propiciar un momento de oración por la nación.
Es una imagen que merece nuestra atención.
Porque Nínive nos enseña que cuando una nación reconoce que necesita de Dios, el orgullo tiene que darle paso a la humildad.
El rey de Nínive no dijo: “Nosotros podemos resolverlo todo”.
Se humilló.
Convocó.
Clamó.
Y el pueblo respondió.
ORAR NO ES SOLAMENTE DECIR: “AMÉN”
Uno de los aspectos más significativos de la jornada fue precisamente el llamado a que el amén no fuera el final.
El presidente Abinader exhortó a convertir la oración en un compromiso de escuchar, ayudar, perdonar y servir.
Y aquí encontramos una verdad que La Voz del Tabernáculo no puede dejar pasar:
EL VERDADERO CLAMOR SIEMPRE PRODUCE UNA RESPUESTA.
Nínive no solamente escuchó una palabra.
Nínive reaccionó.
Hubo humillación.
Hubo ayuno.
Hubo clamor.
Hubo una determinación de apartarse del mal.
Por eso, la pregunta para nosotros no es solamente:
¿Oramos por la República Dominicana?
La pregunta es:
¿QUÉ ESTAMOS DISPUESTOS A CAMBIAR DESPUÉS DE ORAR?
UNA NACIÓN NECESITA MUCHO MÁS QUE PALABRAS
Durante la jornada se oró por las familias dominicanas, por los enfermos, por quienes atraviesan momentos de angustia y dificultad, por nuestros jóvenes y adultos mayores, por quienes gobiernan y por la protección de nuestra nación ante los desastres naturales.
También se hizo un llamado a unir la fe con la acción y a asumir responsablemente medidas de prevención y servicio.
Esto también nos recuerda a Nínive.
Porque la fe verdadera no es pasiva.
El que clama a Dios debe estar dispuesto a obedecer a Dios.
La oración no nos exime de nuestra responsabilidad.
La oración nos prepara para cumplirla.
¿QUÉ HIZO NÍNIVE?
Nínive recibió una palabra que podía haber rechazado.
Pero creyó.
El rey reaccionó.
El pueblo respondió.
Y Dios vio la actitud de aquella ciudad.
El relato de Jonás nos deja una de las escenas más poderosas de la misericordia divina: Dios vio el arrepentimiento y tuvo misericordia.
No porque Nínive fuera perfecta.
Sino porque se humilló.
¡QUÉ PODEROSA LECCIÓN PARA UNA NACIÓN!
No necesitamos aparentar que todo está bien.
Necesitamos reconocer que necesitamos a Dios.
No necesitamos solamente grandes discursos.
Necesitamos corazones rendidos.
No necesitamos solamente reuniones de oración.
Necesitamos una Iglesia que salga de la oración dispuesta a vivir lo que acaba de pedir.
REPÚBLICA DOMINICANA: ¿CUÁL SERÁ NUESTRA RESPUESTA?
La jornada celebrada en el Palacio Nacional puede convertirse en un momento significativo de nuestra historia.
Pero el verdadero significado no estará solamente en lo ocurrido esta mañana.
Estará en lo que ocurra después del amén.
Si las iglesias continúan orando.
Si las familias vuelven al altar.
Si los padres vuelven a enseñar la Palabra.
Si los hijos vuelven a escuchar.
Si los creyentes vuelven a caminar en santidad.
Si aprendemos a perdonar.
Si dejamos la indiferencia.
Si servimos al necesitado.
Si dejamos de vivir una fe solamente de palabras.
Entonces la oración habrá comenzado a producir fruto.
NÍNIVE NOS SIGUE HABLANDO
Nínive no tenía garantía de que mañana sería igual que ayer.
Pero tuvo algo poderoso:
UN MOMENTO PARA VOLVERSE A DIOS.
Hoy, la República Dominicana también necesita momentos de volver el rostro hacia Dios.
Que no sea solamente el Palacio Nacional el lugar donde se levante la oración.
Que haya altares en nuestras casas.
Que haya clamor en nuestras iglesias.
Que haya padres orando por sus hijos.
Que haya jóvenes buscando a Dios.
Que haya pastores predicando arrepentimiento, santidad y verdad.
Que haya una Iglesia unida, no solamente para reunirse, sino para interceder por su nación.
Porque una nación puede tener grandes recursos, grandes instituciones y grandes proyectos.
Pero hay cosas que solamente Dios puede hacer.
HOY ORAMOS POR REPÚBLICA DOMINICANA.
Oramos por sus familias.
Por sus gobernantes.
Por sus iglesias.
Por sus niños y jóvenes.
Por los enfermos.
Por los afligidos.
Por quienes necesitan esperanza.
Por protección y paz.
Pero también oramos para que Dios nos dé un corazón dispuesto a obedecer después de decir amén.
QUE NUESTRO NÍNIVE COMIENCE EN NOSOTROS
Tal vez la gran pregunta de este día no sea solamente si la República Dominicana necesita volver su rostro a Dios.
Tal vez debemos preguntarnos primero:
¿Y NOSOTROS?
Porque una nación cambia cuando cambian sus corazones.
Una familia cambia cuando alguien decide comenzar a orar.
Una iglesia cambia cuando deja de jugar a ser iglesia y vuelve a buscar la presencia de Dios.
Y una nación puede comenzar a cambiar cuando sus habitantes entienden que Dios todavía escucha el clamor de un pueblo que se humilla delante de Él.
Nínive nos dejó una lección que atraviesa los siglos:
CUANDO UNA NACIÓN SE HUMILLA, LA MISERICORDIA DE DIOS PUEDE ABRIR UNA PUERTA.
Hoy se levantó una oración desde el Palacio Nacional.
Ahora corresponde a la Iglesia seguir clamando.
Que el amén pronunciado esta mañana no sea un punto final.
QUE SEA EL COMIENZO.
República Dominicana: volvamos nuestro rostro a Dios.
Porque cuando una nación se detiene para buscar al Señor, nunca debemos menospreciar lo que Dios puede hacer.
“Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová.”
Salmos 33:12
LA VOZ DEL TABERNÁCULO
Margarita Garcia. Directora Tabernàculo Prensa de Dios
