
«Si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi nombre, se humillare, oraren y buscaren mi rostro… entonces yo oiré desde los cielos.» 2 Crónicas 7:14
Cuando un altar permanece encendido, una nación nunca pierde la esperanza. La historia bíblica demuestra que Dios responde al clamor de un pueblo que se vuelve a Él con un corazón sincero.
Hoy más que nunca necesitamos hogares donde la oración no se apague, iglesias donde la adoración sea genuina y creyentes que mantengan vivo el fuego del Espíritu Santo. De esos altares encendidos nace el agradecimiento, porque quien ha visto la mano de Dios no puede dejar de darle gloria.
Las naciones atraviesan tiempos de incertidumbre, pero el Señor sigue buscando hombres y mujeres que se pongan en la brecha. Cuando el altar está vivo, la fe se fortalece, la familia encuentra refugio y los pueblos pueden experimentar la misericordia de Dios.
Que nuestros altares permanezcan encendidos, para que nuestras generaciones y nuestras naciones tengan siempre motivos para agradecer al Dios que reina por los siglos.



