
“Les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán.”
Jeremías 7:27
Dios sigue hablando, pero no todos están dispuestos a escuchar.
Su voz resuena en la Palabra, en la oración, en las alabanzas y aun en el silencio. Dios continúa llamando, advirtiendo, enseñando y mostrando el camino; sin embargo, muchas veces el problema no es que Dios haya dejado de hablar, sino que hemos dejado de prestar atención.
Vivimos rodeados de tantas voces que, si no tenemos cuidado, podemos terminar escuchando al mundo más que a Dios. Por eso necesitamos aprender a silenciar las voces que nos distraen para poder discernir la voz del Espíritu Santo.
Samuel escuchó una voz en medio de la noche y respondió:
“Habla, porque tu siervo oye.”
— 1 Samuel 3:10
Esa debe ser también nuestra actitud: no solamente pedirle a Dios que nos hable, sino estar dispuestos a obedecer cuando Él lo haga.
Hoy la pregunta no es solamente: “¿Dios está hablando?”
La pregunta es:
¿Estoy dispuesto a escuchar?
¿Estoy dispuesto a obedecer?
Quizás Dios lleva tiempo llamando, pero el ruido de este mundo ha ocupado demasiado espacio en nuestro corazón.
La voz de Dios sigue hablando. ¿Quién escuchará su voz?
Esta es La Voz del Tabernáculo: un llamado a detenernos, escuchar a Dios y permitir que Su Palabra transforme nuestras vidas.


