Sencillos y agradecidos

Sencillos y agradecidos

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“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” . Mateo 11,25-30

Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra. Zacarías 9,9-10

Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Romanos 8,9.11-13

Con el evangelio dado se nos ofrecen tres bloques de sentencias o frases vinculadas entre sí, que reflejan el espíritu de Jesús, que a su vez, nos pide que lo imitemos.

Primero: se recoge una oración de alabanza que Jesús dirige al Padre para darle gracias por haber revelado esas cosas a los pequeños. ¿Quiénes son los pequeños? Son los hombres que son agradecidos con la vida, aunque no tengan mucho para vivir, los que tienen, pero saben que hay alguien más grande que ellos. Todos somos pequeños, pero algunos nos engrandecemos con nuestra sabiduría, nuestro orgullo, nuestra vanidad, nuestra fortuna, y todo esto no nos permite entender a Dios.

Segundo: encontramos una revelación. Jesús nos permite vislumbrar su relación de conocimiento e intimidad con el Padre que solo los pequeños podrán ver. Hay una relación personalísima de la vida trinitaria entre el Padre y el Hijo. Es esta misma relación la que Jesús nos pide que tengamos con el Padre. Un trato más cercano que se logra a través de la oración, los sacramentos, de la convivencia con el hermano en la vida cotidiana.

Y tercero: hay un llamado. Jesús invita a todos los fatigados y agobiados a encontrar cobijo y descanso en él. ¿Para quién es el llamado? Para todos aquellos que no saben qué hacer con el tremendo peso de la vida, para aquellos que perdieron el sabor de la vida porque tienen demasiadas preocupaciones, problemas familiares, en el trabajo, en el estudio, problemas económicos, Jesús nos ofrece cobijo y descanso, un alto en nuestra vida tan preocupada y apresurada. Pero nos cuesta aceptar que haya alguien que desea y me pide llevar mi carga.

Nuestro orgullo no nos permite alivianar nuestra espalda, nos negamos al ofrecimiento de Jesús y preferimos seguir caminando con la cabeza agachada mirando el suelo, sin mirar quien camina al lado, negando a los que nos quieren ayudar.

Nos quedamos con estas preguntas: ¿Vamos con agrado buscando la compañía de Jesús? ¿Estamos abiertos a la sabiduría superior del conocimiento de Dios? ¿Somos sencillos y agradecidos? Pidamos al Espíritu Santo que nuestros corazones sean más humildes y sencillos, para que podamos encontrarnos con Dios uno trino, y que podamos parecernos cada día más a Jesús.

Por eso, digamos: Jesús, dame la gracia de unirme a ti en el dolor y en el cansancio; concédeme que pueda encontrar alivio en tu presencia, sintiendo cómo mis angustias se unen a tu pasión. Porque, aunque estás resucitado, me concedes unirme a tu entrega suprema en la cruz. Fuente: Victor Diego Garcia

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