
Hay momentos en la historia espiritual de la Iglesia en los que Dios levanta Su trompeta, no para anunciar una fiesta, sino para despertar a un pueblo que corre el riesgo de adormecerse en medio de voces extrañas. Esa trompeta no es humana… es la voz del Espíritu Santo advirtiendo, alertando, llamando al discernimiento.
El Señor ya nos había dicho: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24-4). Esa advertencia no era para el mundo; era para los escogidos, porque el engaño no viene disfrazado de oscuridad… viene envuelto de falsa luz. Por eso hoy la trompeta vuelve a sonar. Trompeta del Espíritu, la voz que rompe el silencio levanta un clamor santo:
“Regresen a la Palabra. Regresen a mi verdad. No permitan que doctrinas suaves, luces falsas o palabras humanas ocupen el lugar de Mi voz.”
En un tiempo donde muchos ajustan la verdad para acomodarla a sus deseos, Dios está levantando atalayas que no negocian Su palabra. Que no suavizan el mensaje para agradar. Que no se dejen intimidar. Atalayas que, cuando reciben una advertencia, no la guardan, sino que la proclaman con temor reverente y con autoridad espiritual.
Porque la verdad de Dios no cambia. No envejece. No se diluye. No se adapta al tiempo… Es el tiempo el que debe adaptarse a Su verdad.
Hoy la trompeta declara:
- Que no nos duerman con mensajes sin poder.
- Que no nos distraigan con voces que suenan piadosas, pero no llevan el aliento del Espíritu.
- Que no nos aparten de la santidad, del arrepentimiento, de la vigilancia y de la verdad eterna.
El que ama la verdad no teme a la trompeta; al contrario, se levanta, se sacude el polvo, afina su oído y se predispone a obedecer.
Esta es la voz del T:
Una llamada urgente a permanecer firmes, alertas y despiertos, porque el engaño se mueve silencioso… pero la verdad de Dios truena más fuerte que cualquier mentira.