Sobre Job

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Nestor Juan Saviñón

Creo que todo aquel que ha sido criado en una familia creyente, sea cual sea su denominación, conoce la historia de Job. Job es uno de los libros de la Biblia que más personas dicen conocer, pero nunca se detienen a leerlo detenidamente. Deseo indicar que no soy teólogo y no he hecho cursos relacionados con la interpretación bíblica, por lo que cualquier error que cometa, es de mi autoría y responsabilidad.

Job era un señor que vivía una vida apacible, con esposa, hijos y seguridad económica. En un diálogo en el cielo, Dios y Satán apuestan, uno sobre que Job se mantendría como fiel discípulo, y el otro que renegaría de Dios.

Satán le mata los hijos, se pierden sus bienes y la esposa le deja. Aparte de ello, cae enfermo. A pesar de su aflicción y desazón, sigue alabando a Dios. En ese entonces, el sufrimiento y la enfermedad se asociaban a un pecado preexistente y generador de dicho mal. Llegan a visitarlo 3 amigos y un aprendiz, y los tres lo invitan a dejar su vida pecaminosa, y Job les explica que es fiel a Dios.

Al final, ya Job, desesperado, se queja amargamente de Dios y de su suerte, y se considera practicamente maldito, sin merecer un guiño de Dios. Dios le dice que qué se ha creído, ya que todo lo que está y estará es de su autoría. Finalmente, Dios le restaura su salud, su bienestar y tuvo más hijos, y no sólo lo restauró, sino que le duplicó todo lo suyo.

Por qué trato a Job?. Porque Job es cada uno de nosotros. Salvo unos pocos dichosos, la vida en la tierra tiene grandes oscilaciones: o ganancias plenas o pérdidas desastrosas. ?Quién, por más fe que diga tener, no ha tenido dudas? ?Quién no se ha preguntado si saldrá de esa crisis?. ?Quién no ha tenido pérdidas que lo han sacudido hasta su fibra más íntima?. Por eso, la desesperación de Job es la de cada uno de nosotros. Y también el discurso de Dios es el mensaje que nos da a cada uno. También, cuántas veces no hemos dado consejos vacíos y fariseicos a un hermano que lo necesita?. Solemos ser prontos a juzgar. Dice un adagio que consejos para ti yo tengo, pero para mí no hay. Y muchas veces mi casa está mil veces peor que la del vecino.

Estimado lector, revisemos nuestro actuar. No siempre es fácil rezar. No siempre es sencillo mantenerse en el camino de la fe, pero, al final, hay grandes premios para quienes perseveren. Y a eso los invito. Sigan luchando, para que como Job, veamos sus promesas manifestarse.

Fuente:

Dr. Néstor Saviñón

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