
En estos tiempos se ha levantado un debate innecesario:
si la inteligencia artificial, si las plataformas, si los nuevos recursos “compiten” con la Iglesia.
Pero el verdadero problema no está en las herramientas.
El verdadero problema y la verdadera respuesta está en el corazón.
La Iglesia de Jesucristo no nació de la tecnología,
nació del soplo del Espíritu Santo.
La Palabra que transforma no fue concebida en algoritmos,
sino en altares, lágrimas, obediencia y temor de Dios.
Las herramientas pueden servir, pero nunca gobernar.
Pueden acompañar, pero jamás sustituir
la voz que nace de un corazón rendido y una vida consagrada.
La Iglesia no está llamada a competir con nada.
Está llamada a guardar el fuego del altar
y a discernir los tiempos con sabiduría espiritual, no con prisa humana.
Una urgencia del Espíritu
En oración, el Señor permitió ver una escena reveladora:
en medio de la congregación, justo cuando comenzaban las alabanzas y la adoración,
entró una ambulancia.
No se dirigió a un hospital, entró a la iglesia.
Doctores y enfermeras descendieron con urgencia y anunciaron:
Vamos a operar aquí mismo a todos los que tienen el corazón dañado.
No era juicio.
Era misericordia.
No era condenación.
Era cirugía espiritual.
El Espíritu Santo está declarando que la adoración abre el quirófano del cielo,
y que esta es una hora en la que Dios no está remendando corazones,
está haciendo trasplantes.
Antes de corregir mensajes,
Dios quiere sanar corazones.
Antes de levantar plataformas,
Dios quiere restaurar el interior.
Porque un mensaje sin un corazón sano pierde vida,
y una voz sin altar pierde autoridad.
Un llamado claro
Esta no es una hora para confiar en estructuras,
sino para volver al quebranto.
No es tiempo de impresionar,
Es tiempo de ser examinados.
Dios no está buscando voces perfectas.
Está buscando corazones correctos.
Y hoy el Espíritu sigue diciendo a Su Iglesia:
“Dame tu corazón…
y Yo te daré uno nuevo.”
Porque todo comienza, se sostiene y se cumple
en el corazón.