Internacionales

Misiles y momentos de claridad, No soy un fuerte ministro del evangelio; soy un ser humano débil y necesitado más de Dios

Son las 05:00 a. m. en Dubái. Me despierta un fuerte estruendo y el temblor de las ventanas de mi dormitorio. Mi esposa también se despierta sobresaltada y se sienta en la cama. Mi cerebro, aún medio dormido, intenta procesar lo que ha pasado: «¿Qué fue eso?» La adrenalina entra en acción y me recuerda la pesadilla del caos y el miedo que se extiende por Medio Oriente.

Salgo al exterior y veo una columna de humo en el cielo sobre Dubái. Los Emiratos Árabes Unidos han interceptado un misil de los ataques de represalia de Irán. Agradezco la protección que me brindan los Emiratos Árabes Unidos frente al aluvión de misiles. A medida que avanza el día, las explosiones continúan, sacudiendo las ventanas y puertas, por no hablar de los nervios de mi familia y vecinos.

Es extraño cómo los momentos de crisis traen claridad. Cada ráfaga defensiva aclara realidades de las que ya era consciente, pero que había ocultado bajo el ajetreo y el ruido de la vida cotidiana. Estos misiles aportan momentos de claridad sobre lo que es más importante.

Cuando la primera explosión me despierta, recuerdo la profunda corrupción y maldad que llenan el mundo. Las armas de violencia están diseñadas para destruir, mutilar y matar. A menudo, los violentos matan indiscriminadamente. Nuestras espadas y armas aún no han sido fundidas y destruidas. Siguen explotando. Siguen matando.

Estos misiles me recuerdan que soy débil y frágil, que necesito la gracia de Dios
La presencia insidiosa del mal en este mundo busca matar, robar y destruir. El mal no es simplemente la ausencia del bien; devora y devasta sin piedad. Corrompe y contamina desde dentro, conduciendo a la muerte. El mal natural y moral es intrínsecamente feo, consumidor y omnipresente.

Se interceptan más drones sobre Dubái. Me invade la sensación de que la vida normal es un regalo. Quiero volver a pensar en la ropa sucia que se acumula, en la cita con el dentista que hay que programar y en la presión de la vida laboral. Ahora mismo, esas cosas parecen lejanas. Me doy cuenta con una nueva claridad: la vida es un regalo. Los ritmos cotidianos son en sí mismos un regalo de la gracia.

Aun en medio de la tensión del momento y refugiado en mi casa, veo destellos de la belleza de la vida cotidiana normal. El abrazo de mi esposa, el aroma del café y el sabor del chocolate me recuerdan que la vida es buena. Incluso en los días malos, la vibrante belleza de la vida brilla.

No soy tan fuerte como creo. La ansiedad se apodera de mí por unos momentos. Quiero mostrarme fuerte ante mi esposa, mis hijos y quienes me rodean, pero empiezo a ceder ante viejas ansiedades. «¿Y si nos quedamos sin agua? ¿Y si no hay forma de evacuar? ¿Y si…?». A medida que se acumulan los «y si…», recuerdo mi fragilidad y mi debilidad. Al ver las noticias oficiales sobre el número de drones y misiles interceptados, necesito que el Señor me infunda aliento: «Paz, quédate quieto»

Estos misiles me recuerdan que soy débil y frágil, que necesito la gracia de Dios. No soy un fuerte ministro del evangelio; soy un ser humano débil y necesitado, rodeado de preocupaciones, ansiedades y necesidades.

Me impacta el hecho de que Jesús siga en Su trono. Aunque las naciones se enfurezcan y los pueblos traman en vano (Sal 2), Jesús ha ascendido en majestad y gloria. Él gobierna sobre todo y tiene autoridad sobre todas las personas. Las causas secundarias son reales, pero Él es soberano sobre cada fragmento de metralla que cae al suelo. Los reyes de la tierra pueden pensar que tienen control sobre las situaciones, pero no es así.

Todo dominio sobre la tierra ha sido dado al Hijo del Hombre resucitado. Como dice Hebreos 2:8-9: «Porque al sujetarlo todo a él, no dejó nada que no le sea sujeto. Pero ahora no vemos aún todas las cosas sujetas a él. Pero vemos […] a Jesús, coronado de gloria y honor». Todas las cosas están bajo Su control. Todas las cosas acabarán reflejando esta realidad. Él está en el trono y tiene el control ahora. Muy pronto veremos esta realidad perfectamente cumplida, y no habrá más guerras, misiles, metrallas, escaladas, miedo ni muerte.

Las explosiones nos recuerdan la ira venidera de Dios contra el pecado cuando regrese para juzgar a los vivos y a los muertos

Estas explosiones, aunque aterradoras, son sonidos vacíos que nos recuerdan que el mal algún día cesará por completo.

Explosión 5
Esta explosión ocurre mientras estamos en una reunión en línea para orar con los miembros de la iglesia. Es la más grande del día y la más aterradora. Me aseguro de que mis hijos no estén demasiado asustados. Una querida hermana ora: «Padre, recuérdanos que estas explosiones, misiles y guerras no son nada en comparación con Tu ira contra el pecado. Recuérdanos que debemos compartir el evangelio con quienes nos rodean porque deseamos que sean salvos». Las explosiones nos recuerdan la ira venidera de Dios contra el pecado cuando regrese para juzgar a los vivos y a los muertos.

En la vida cotidiana, la idea del gran día del juicio está lejos de nuestras mentes. Nos ocupamos de nuestros asuntos y pensamos poco en la ira venidera. Pero los momentos de crisis, especialmente los tiempos de guerra, nos recuerdan que el juicio se acerca. Debemos estar preparados, alejándonos del pecado y aferrándonos a Jesús.

El don de la calma
Mientras escribo estas líneas, todo ha estado tranquilo desde hace algunas horas. Lamento la pérdida de vidas en la región y espero que la guerra termine pronto. Oro para que abra las puertas a una nueva forma de vida para muchas personas y a un mayor ministerio del evangelio en esta región.

Para mí, ha sido bueno recordar las verdades de la Palabra de Dios (Sal 119:71). Estos misiles me han traído momentos de claridad.

Fuente:
Ryan Currie

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba