
«Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcamos en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían». Salmos 2:11-12
El panorama mundial nos confronta con una realidad que no podemos ignorar: el reloj profético de Dios avanza, y la humanidad necesita volver su corazón al Creador. Las crisis, la incertidumbre y la decadencia espiritual nos recuerdan que ninguna nación puede encontrar seguridad verdadera si se olvida de Dios, rechaza su Palabra y coloca los intereses materiales por encima de los principios eternos del Reino.
Desde la voz editorial del Tabernáculo Prensa de Dios, levantamos un llamado firme a las naciones: no es tiempo de alimentar la soberbia, multiplicar los ídolos modernos ni vivir de espaldas a la voluntad del Altísimo. Es tiempo de arrepentimiento, reverencia, obediencia y búsqueda sincera de su presencia. Los gobiernos, los pueblos y sus habitantes necesitan reconocer que el poder humano tiene límites, pero el señorío de Dios permanece para siempre.
Israel ocupa un lugar particular en las promesas y el desarrollo del propósito bíblico. Sin embargo, el llamado del Señor no se limita a Israel ni a una sola nación: alcanza a todos los pueblos de la tierra. Dios llama a la humanidad a reconocer su autoridad, caminar en su verdad y buscar la paz que nace de una vida rendida a Él.
El profeta Isaías anunció una visión que trasciende las fronteras y convoca a los pueblos a buscar los caminos del Señor:
«Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas».
Isaías 2:3
Esta palabra nos recuerda que la voluntad de Dios no es que las naciones permanezcan atrapadas en el odio, la violencia y la división, sino que conozcan sus caminos y aprendan a andar en ellos. La verdadera paz no se construye únicamente mediante declaraciones humanas; necesita justicia, responsabilidad, reconciliación y corazones dispuestos a someterse a la verdad divina.
¡Que el sonido del shofar resuene como símbolo de convocatoria espiritual entre los pueblos! ¡Que las naciones despierten a la necesidad de buscar al Dios vivo! No para alimentar el temor, sino para recuperar la reverencia; no para sembrar confrontaciones, sino para proclamar el señorío de Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores.
La Iglesia tiene una responsabilidad ineludible: permanecer firme en la Palabra, interceder por las naciones, proclamar el Evangelio de Cristo y defender la paz sin negociar la verdad. No podemos reducir la fe a palabras, ni la oración a una costumbre. Es necesario que nuestras vidas reflejen aquello que anunciamos.
El Tabernáculo Prensa de Dios levanta su voz: el llamado es mundial, la necesidad es urgente y la respuesta comienza cuando el ser humano vuelve su corazón al Señor. Que cada nación examine sus caminos, que cada pueblo busque la sabiduría de lo alto y que toda lengua reconozca que Jesucristo es el Señor.
Nuestra esperanza permanece en Él. Y mientras aguardamos el cumplimiento de las promesas bíblicas y el regreso de nuestro Salvador, continuemos proclamando el Evangelio de la paz, con fe, firmeza y obediencia.
¡El llamado de Dios es para todas las naciones! ¡Que los pueblos vuelvan su corazón al Señor y que la paz de Cristo gobierne nuestras vidas!

