No temas yo te ayudo

No temas yo te ayudo

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Cuántas veces hemos pasado por grandes problemas de enfermedad, de dolor de muerte, económicos, por soledad, deudas, etc. y no nos acordamos que tenemos a un Dios bueno y lleno de misericordia, que no nos va a dejar perecer jamás:

“…para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mat 5:45)

Que aun protege al inconverso y le puede dar riquezas y bendición, cuanto más a sus Hijos.

Fui diagnosticado con insuficiencia renal crónica, hipertensión arterial, y diabetes, creí que mi vida nunca más volvería a ser igual, pero nunca desesperé, tuve mis momentos de dolor, pero siempre había la fe que Dios me podía ayudar, ¿cómo? no lo sabía, pero sabía que lo haría y El obró en mi vida, y no solo me sanó, sino que me dio bendición.

I. Los problemas versus las promesas de Dios.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10

Fijémonos bien todo lo que nos promete en un solo versículo, nos pide y nos promete:

Que no temamos, Porque El estará con nosotros, Que no desmayemos porque El es nuestro Dios que te esfuerzo, Siempre te ayudaré, Siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Cuantas promesas para no confiar. Hay una canción que dice: Como no confiar en Dios.

Dios habla con ternura: No temas, porque yo estoy contigo, no sólo al alcance, sino presente a tu lado. ¿Estás débil? Yo te fortaleceré. ¿Te faltan amistades? Yo te ayudaré en tiempo de necesidad. ¿Estás listo para caer? Yo te sustentaré con la diestra llena de justicia, repartiendo recompensas y castigos.

Pero muchas veces nos enojamos contra Dios y veamos lo que pasa:

Isaías 41:11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. 12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.

Dice: Serán avergonzados, Confundidos, Serán como nada, Perecerán los que contienden con El.
El buscara a los que tienen contienda con El, Serán como nada, Y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.

Hay quienes pelean con el pueblo de Dios, que buscan su destrucción. Que el pueblo de Dios no devuelva mal por mal sino que espere el tiempo de Dios.

Pero Dios es tan fiel que nos hace esta promesa: Isaías 41:13 “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”.

Es cosa nuestra si la queremos aceptar o no, no nos obliga. Como todo Padre amoroso nos habla (y no habla a cada rato) con ternura y nos hace sus promesas solo que hay algo que tenemos que hacer: Confiar en Él y en su Hijo Jesús.

Debemos de saber que Dios ha hablado innumerables veces al hombre, pero por nuestro pecado no lo podemos entender pues nuestra imagen divina se deformó, y lo único que nos quedaba era la maldad, no había nada bueno en nosotros, más que la muerte Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Hebreos 1:1-2 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”

Dios habló a su pueblo antiguo en diversos tiempos, en generaciones sucesivas y de maneras diversas, como le pareció apropiado; a veces, por instrucciones personales, a veces por sueños, a veces por visiones, a veces por influencia divina en la mente de los profetas.

Pero en este tiempo nos ha hablado por el Hijo

La revelación del evangelio supera a la anterior en excelencia por ser una revelación que Dios ha hecho por medio de su Hijo. Al contemplar el poder, la sabiduría y la bondad del Señor Jesucristo, contemplamos el poder, la sabiduría y la bondad del Padre: Juan 14:7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

La plenitud de la Deidad habita no sólo como en un tipo o en una figura, sino realmente en Él. Cuando, en la caída del hombre, el mundo fue despedazado bajo la ira y la maldición de Dios, el Hijo de Dios emprendió la obra de la redención, sustentándolas por su poder y bondad todopoderosa.

Jesús nuestro Sumo Sacerdote nos ofrece: Hebreos 4:14-16 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Nos dice que tenemos un Sumo Sacerdote, no como en el Antiguo Testamento, donde el sacerdote tenía que ofrecer sacrificio para ser perdonado primero para poder interceder por los pecados del pueblo.

Traspasó los cielos, con su cuerpo glorificado, ya resucitado ascendió al cielo para sentarse a la diestra del padre.

Solo nos pide que retengamos nuestra profesión de fe, pero ¿por qué?

Por Él si se compadece de nuestras debilidades, Porque fue tentado en todo según nuestra semejanza, Pero que no tiene pecado, es puro y santo.

Solo nos pide: Que nos acerquemos a Él confiadamente, Al trono de la gracia, Para alcanzar misericordia, Y hallar gracia, Para el oportuno socorro.

Quieres ser rescatado por el Señor, solo tienes que recibir a Cristo como tu Señor y Salvador personal, para esto tienes que aceptarlo arrepintiéndote de todo corazón por tus pecados. Solo repite esta oración, que es una guía de cómo recibir a Jesús como nuestro Señor:

Señor Jesús, yo te recibo hoy como mi único Salvador personal; creo que eres Dios, que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día. Me arrepiento, soy pecador. Perdóname Señor. Gracias doy al Padre por enviar al Hijo a morir en mi lugar. Gracias Jesús, por salvar mi alma hoy. En Cristo Jesús mi Salvador. Amén

Fuente:

pastor José Alberto Vega

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