
Dios nos dice con voz firme y llena de misericordia: “Vuélvanse a Mí, y Yo me volveré a vosotros”. No es solo una invitación, es un llamado urgente del cielo. Es tiempo de detenernos, de examinar nuestros caminos y volvernos a Dios con un corazón sincero.
Hoy el Espíritu nos confronta con amor: necesitamos arrepentirnos, apartarnos de nuestros malos caminos y humillarnos delante del Señor. No con palabras vacías, sino con un corazón quebrantado y dispuesto a ser transformado.
Es momento de levantarnos desde lo más profundo del alma y clamar al Padre con un grito que nace del espíritu:
“Señor, dame un corazón nuevo. Quita el corazón endurecido y renueva mi interior.”
Si hay una alabanza que expresa ese clamor, cántala una y otra vez, hasta que el Espíritu Santo de Dios descienda sobre ti, te envuelva y sientas cómo tu corazón es tocado, limpiado y transformado por Su presencia. Allí, en ese lugar de rendición, ocurre el verdadero cambio.
Hoy es el día de volver al Señor. Hoy es el tiempo de responder a Su llamado.
Aleluya.
“Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de Mis leyes y no las guardáis. Volveros a Mí, y Yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Malaquías 3:7