
El poder de Dios se manifiesta de manera extraordinaria en un ambiente saturado de fe, donde se desarrolla una mentalidad sobrenatural. Por eso, es esencial cultivar en el pueblo de Dios una expectativa viva y activa, una postura firme de confianza en Él.
Cuando el pueblo es instruido en los principios profundos de la fe y aprende a caminar con seguridad en las aguas de lo invisible, Dios encuentra el espacio para obrar conforme a Su perfecta voluntad. La fe no es pasiva; es una convicción que impulsa a avanzar aun sin ver, confiando plenamente en las promesas de Dios.
Este principio se refleja claramente en Hebreos capítulo 11, donde se presentan los hombres y mujeres que, creyendo contra toda lógica humana, se atrevieron a confiar en Dios y fueron testigos de lo imposible hecho realidad. Hebreos 11:1



