
¿Qué es un astronauta? Hace poco la cantante Katy Perry se hizo viral después de participar en un vuelo de once minutos por el borde de la atmósfera, donde ella y otras cinco mujeres cruzaron la «línea de Kármán», un límite a cien kilómetros sobre el nivel del mar que determina el comienzo del espacio exterior. Muchos celebraron su logro, refiriéndose a ella como una «astronauta», mientras que otros no estuvieron de acuerdo con otorgarle ese título, argumentando que ser astronauta implica una formación rigurosa, obtener títulos académicos avanzados y participar en misiones espaciales prolongadas.
La cuestión detrás de esta historia curiosa es si cruzar la línea de Kármán te convierte en astronauta. Técnicamente, sí. Pero en un sentido completo y tradicional, no.
Esta conversación superficial en redes sociales revela algo más profundo sobre cómo usamos las palabras. A veces, los términos que empleamos son técnicamente correctos, pero carecen del sentido pleno de lo que realmente significan. Y eso nos lleva a una cuestión mucho más importante para los cristianos: ¿Qué es la adoración?
La adoración es más que música
Creo que un problema común en las iglesias es que se entiende la adoración cristiana desde una perspectiva reduccionista. El reduccionismo es la práctica de simplificar una realidad compleja a sus partes más básicas. A menudo, esto elimina la plenitud de lo que algo realmente es y significa. Por ejemplo, un reduccionista podría decir que un ser humano no es más que un conjunto de células, neuronas y reacciones químicas. Esta visión elimina la personalidad, la dignidad y la capacidad de establecer relaciones con otros.
Este pensamiento reduccionista también ha penetrado en la iglesia y cambiado la forma en que muchos creyentes entienden la adoración. En muchas iglesias, la adoración es solo el tiempo de música en la reunión, los líderes de adoración son solo músicos, las noches de adoración son conciertos y los equipos de adoración son bandas. Este enfoque, aunque parcialmente cierto, es en última instancia incompleto. Y una teología incompleta lleva a una adoración incompleta.
El pensamiento reduccionista también ha penetrado en la iglesia y cambiado la forma en que muchos creyentes entienden la adoración
La adoración incluye toda la creación. Por ejemplo, el Salmo 148 llama a todo el cielo y la tierra, desde las estrellas hasta los reyes, a alabar al Señor. También la visión del apóstol Juan presenta una gran multitud de toda nación, tribu y lengua adorando al Cordero, no solo con cantos, sino con todo su ser, de pie ante el trono celestial (Ap 7).
Esto significa que la adoración no puede excluir a quienes no pueden cantar, como las personas sordas, mudas, ancianos o con limitaciones físicas o neurológicas. Si la adoración es solo lo relacionado con la música, sería inaccesible para muchos hijos de Dios. Pero si la adoración es una vida de devoción, entonces todos los creyentes pueden participar de forma plena, sin importar sus capacidades.
Sin duda, las Escrituras presentan una visión amplia y profunda de la adoración a Dios. Veamos algunos ejemplos que nos ayudarán a enriquecer nuestro entendimiento de este concepto:
1. La adoración como un estilo de vida
Cuando Jesús habla con la mujer samaritana junto al pozo de agua (Jn 4:1-26), ella trata de desviar la conversación hacia un debate religioso sobre el lugar apropiado para adorar: «Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar» (Jn 4:20).
Sin embargo, Jesús responde con algo totalmente diferente: «Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren» (Jn 4:23).
La adoración ya no está limitada por el lugar o el ritual: no es una cuestión de postura, sino de espíritu y verdad. Las palabras de Jesús transforman la adoración, que ya no es algo reducido a un evento, sino un acto amplio y profundo que involucra toda la vida y, sobre todo, centrado no en el dónde sino en el cómo y a quién se dirige.
2. La adoración como un sacrificio vivo
Pablo escribe: «Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes» (Ro 12:1).
Queda claro que la adoración no es solo una expresión musical, sino una forma de vivir dispuesta a asumir los costos de seguir a Cristo. El lenguaje de «sacrificio» evoca el culto en el templo del Antiguo Testamento, pero Pablo lo redefine: nuestras vidas diarias, vividas en obediencia a Cristo, son ahora la ofrenda agradable.
Adorar es la orientación de toda nuestra vida en respuesta a la revelación de Dios en Cristo
La adoración incluye nuestra ética, nuestras decisiones, nuestro trabajo, nuestro descanso, nuestros cuerpos. La adoración es la entrega a Dios de todo lo que somos.
3. La adoración como obediencia
En los profetas del Antiguo Testamento vemos varias ocasiones en las que Dios reprende a Su pueblo cuando ofrecen música y sacrificios, pero viven sin justicia ni obediencia a Su Palabra:
Aborrezco, desprecio sus fiestas,
Tampoco me agradan sus asambleas solemnes.
Aunque ustedes me ofrezcan holocaustos y sus ofrendas de grano,
No los aceptaré…
Aparten de Mí el ruido de sus cánticos,
Pues no escucharé ni siquiera la música de sus arpas.
Pero corra el juicio como las aguas
Y la justicia como una corriente inagotable (Am 5:21-24).
Esto nos enseña que Dios no se agrada en la música como adoración cuando está desconectada de la justicia y quiere ser una máscara para disimular la desobediencia de Su pueblo. La verdadera adoración debe fluir de una vida que busca reflejar el carácter de Dios en todo lo que hace (1 P 1:16-17). Siempre debemos tener presente que prestar atención y obedecer la Palabra de Dios es mejor que ofrecer rituales vacíos (1 S 15:22).
Técnicamente cierto, pero teológicamente pobre
Katy Perry hizo lo que un astronauta hace, fue al espacio; pero eso no la convierte en una verdadera astronauta. De la misma manera, podemos cantar el domingo por la mañana, pero esa no será una verdadera adoración si no fluye de un corazón que, redimido por Cristo, ama a Dios, Su palabra y al prójimo.
La adoración bíblica involucra cada aspecto de nuestras vidas, está anclada en la verdad y dirigida por el Espíritu Santo. Cuando la reducimos a solo música, perdemos su riqueza. La adoración no es solo un momento del servicio dominical, algo que hacemos una vez a la semana. En cambio, adorar es la orientación de toda nuestra vida en respuesta a la revelación de Dios en Cristo bajo el poder y en la santificación del Espíritu Santo.
¡Sigue cantando con tu iglesia! Pero medita también en todas las formas en las que eres llamado a adorar a Dios en respuesta al evangelio. Puedes adorar a través de cómo trabajas y cómo descansas, en actos de amor al prójimo y a los vulnerables, en cómo usas tu tiempo, tus fuerzas y tu cuerpo. Estos actos cotidianos, y muchos más, son adoración santa cuando los hacemos para el Señor en el poder del Espíritu.
Eso es ser un verdadero adorador.



