
En el día de hoy, como nación, hemos vivido acontecimientos que impactaron la rutina y la estabilidad de muchos sectores: interrupciones generales, actividades suspendidas y un ambiente de inquietud que alcanzó a gran parte del país.
Más allá de los hechos visibles, este momento nos invita a una reflexión espiritual profunda.
En este contexto, he recibido un llamado que me fue comunicado por el profeta David Greco,en un sueño, con la responsabilidad de difundirlo. Este llamado no es personal ni exclusivo, sino colectivo, y no tiene como propósito anunciar fechas, eventos específicos ni generar temor.
El llamado es claro:
vivimos tiempos en los que se ha normalizado hablar verdades a medias, suavizar la Palabra y justificar la desobediencia. Esto no es un asunto ligero. Cuando la verdad se negocia, las consecuencias alcanzan al pueblo en su conjunto.
Este mensaje no es para alarmar,
no es para señalar culpables,
no es para dividir,
sino para exhortarnos a volver a la verdad completa, a la obediencia sincera y al clamor delante de Dios.
Hoy es importante afirmar con fe. No temas. Dios está con nosotros. Dios no ha abandonado a su pueblo ni a esta nación.
Su luz sigue siendo mayor que cualquier oscuridad.
Este es un tiempo para orar, velar y examinar el corazón, confiando en que Dios sigue teniendo control y que Su misericordia permanece para quienes se humillan delante de Él.
Oración por el pueblo, los gobernantes y la nación
Padre eterno,
Venimos delante de Ti como pueblo reconociendo que Te necesitamos.
Perdónanos si hemos callado la verdad, si hemos hablado a medias o si hemos sido desobedientes a Tu voz.
Clamamos por el pueblo de República Dominicana.
Trae paz donde hay inquietud, luz donde hay confusión y dirección donde se necesitan decisiones sabias.
Te pedimos por nuestras autoridades y gobernantes:
concédeles discernimiento, temor de Dios y sabiduría para actuar con justicia y verdad, guardándolos de la mentira, el error y toda corrupción.
Cubre a las familias, a los niños, a los ancianos y a todos los que sirven.
Restaura corazones, fortalece a los que claman y despierta a los que se han apartado.
Declaramos que Tú sigues teniendo el control,
que Tu paz gobierna,
y que Tu misericordia es mayor que cualquier oscuridad.
Confiamos en Ti,
porque Tú has prometido estar con nosotros.
En el nombre de Jesús. Amén.
