En un tiempo donde abundan las palabras y escasea la transformación, el Pastor Miguel Núñez, citando y adaptando a Murray Capill (The Heart is the Target, 2014, p. 57), levanta un llamado claro y necesario para quienes ministran la Palabra de Dios.
Abordar el texto bíblico para predicar no consiste tanto en trabajar en el texto, sino más bien en el trabajo del texto en nosotros.
Este llamado nos recuerda que la predicación auténtica no nace únicamente del estudio diligente aunque este es necesario, sino de una vida rendida a la obra interna de la Palabra. La Escritura no fue dada solo para ser explicada, sino para ser encarnada. Antes de tocar al pueblo, debe tocar al mensajero.
La Biblia afirma que la Palabra de Dios es viva y eficaz, y que penetra hasta lo más profundo del ser humano (Hebreos 4:12). Por eso, el predicador no solo se acerca al texto para extraer un mensaje, sino para ser examinado, confrontado y transformado por él. Como declara el salmista:
“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmos 119:11).
Este es el orden divino que vemos en Esdras, un modelo para todo ministro fiel:
“Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley del Señor, para cumplirla y para enseñarla” (Esdras 7:10).
Primero el corazón, luego la vida, y finalmente la enseñanza.
Así, este llamado pastoral nos exhorta a no conformarnos con predicaciones correctas, sino a buscar mensajes que broten de un corazón trabajado por Dios. Porque cuando la Palabra ha hecho su obra en nosotros, entonces puede ministrar paz, amor y esperanza a otros con poder y verdad.
“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello” (1 Timoteo 4:16).



