
En un mundo saturado de apariencias, Dios sigue buscando corazones limpios. La pureza del creyente no se mide por una vida sin luchas, sino por una vida rendida, sensible a la voz del Espíritu y dispuesta a obedecer la verdad aun cuando cuesta. Mateo 5-8
Un creyente puro guarda su corazón porque sabe que de él mana la vida. No negocia su fe, no acomoda la Palabra a su conveniencia y no apaga la convicción del Espíritu Santo. Vive en arrepentimiento constante, camina en humildad y ama la santidad, no como una carga, sino como una respuesta de amor al Dios que lo salvó.
Cuando el corazón está limpio, el cielo se agrada. Dios se deleita en quienes le buscan con sinceridad, en quienes prefieren Su aprobación antes que el aplauso del hombre. Ese creyente, aunque imperfecto, refleja la luz de Cristo y se convierte en un testimonio vivo del favor de Dios en la tierra.
Llamado espiritual:
Pidamos al Señor que examine nuestras intenciones, limpie nuestras motivaciones y renueve nuestro interior. Un creyente puro no solo vive en paz con Dios, sino que despierta el agrado del cielo y ministra esperanza a quienes le rodean.
Oración:
Señor, guarda mi corazón limpio delante de Ti. Quita todo lo que no te agrada y enséñame a caminar en verdad, humildad y obediencia. Que mi vida despierte Tu agrado y glorifique Tu nombre. Amén



