
El placer implica goce, diversión, a veces también aprendizaje, y experiencias únicas. El placer se puede obtener de múltiples maneras: puede ser la lectura de un gran libro, ver una buena película, disfrutar de una buena comida o de una bebida, compartir con un ser querido, pero en mi caso, entre otras cosas, me da gozo y satisfacción enseñar.
Llevo 5 años como docente en una universidad. Puedo decir que ha sido un proceso complejo, de aprendizajes continuos, y he tenido que vivir momentos muy alegres, otros amargos y otros intermedios.
Quienes más me han enseñado son mis estudiantes. Cuando uno presenta una asignatura, el primer día, para ti son meramente matrículas, ya que no conoces a nadie. Es un grupo de personas indeterminado.
Pero, lentamente, salen las personalidades, empieza a fluir la convivencia y empiezas a individualizar y agrupar. Empiezas a identificar qué motiva a cada uno, que les gusta, que les preocupa, y colectivamente cómo impartirles conocimiento y darles confianza de acercarse y plantear sus dudas y sus miedos.
Es muy gratificante el poder desarrollar una relación de confianza con los estudiantes, ya que ellos buscan esforzarse más y creen en uno. Y eso compromete al profesor de ser justo y solidario. Un estudiante puede caerse en un examen, pero si ha sido dedicado y esforzado, no es justo que repruebe la asignatura.
No me gusta el título maestro, ya que un maestro, a mi entender, da a entender que estamos ante un sabio. Yo soy facilitador. Soy una persona con conocimientos que trato de interesar a otros de que los aprenda a su manera y los incorpore a su vida.
Y uno debe tratar de ser ejemplo. Mal haría pintarme de justo si discrimino o hago algo con el fin de afectar deliberadamente a un estudiante o a un grupo de estudiantes.
Y nuestros muchachos son muy inteligentes, detectan esa duplicidad y te pierden el respeto.
Pueden temerte, pero no te respetan y menos te estiman. Y pocas cosas satisfacen tanto como que alguien a quien tuviste como estudiante, te salude con mucho cariño años después, ya como profesional, y te diga que fuiste de los mejores profesores que tuvo.
A quien pueda, que trate de vivir una de las experiencias más demandantes y lindas, que es impartir docencia. Verá un crecimiento y un cambio en su persona que es invaluable, y dándonos a los demás es que merecemos recibir los parabienes que la vida los conceda.
Fuente: Dr. Nestor Saviñon