
Podemos tener templos abiertos, luces encendidas y mensajes bien preparados…
pero si la presencia de Dios no fluye, el corazón del pueblo permanece vacío.
No se trata solo de programas, de horarios o discursos;
se trata de Su gloria manifestada.
Porque es Su presencia la que conecta el cielo con la tierra,
la que abre los oídos del alma para recibir la Palabra viva.
Cuando la adoración se apaga, el mensaje pierde fuego;
cuando la presencia se manifiesta, la Palabra cobra vida y se transforma.
Dios está llamando a Su iglesia a volver al altar,
a buscarle hasta que el fuego descienda nuevamente,
a no conformarse con un culto sin presencia,
porque donde Su Espíritu se mueve, hay libertad, hay quebranto, hay revelación.
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”
Zacarías 4-6



