
En Marcos 10:42–45, Jesús establece un principio que sigue desafiando los modelos de liderazgo de todos los tiempos: en el Reino de Dios, la grandeza no se mide por autoridad, posición o reconocimiento, sino por la capacidad de servir con humildad y entrega.
Como ha sido enseñado por el Pastor Luis Reyes, de la Iglesia Jesucristo Fuente de Amor, Jesús confronta el liderazgo que domina y propone uno que transforma, donde el siervo es el verdadero referente de autoridad espiritual.
“Entre ustedes no será así”, afirma Jesús, marcando una diferencia clara entre el poder que oprime y el servicio que edifica. Él mismo da el ejemplo supremo al declarar que no vino para ser servido, sino para servir y dar Su vida en rescate por muchos.
En tiempos donde el liderazgo suele expresarse en confrontación, protagonismo y ruido, el modelo de Jesús sigue siendo firme y vigente: un liderazgo que no compite, no se justifica y no entra en contiendas innecesarias, porque su autoridad nace del carácter y del servicio constante.
Este llamado invita a líderes y creyentes a examinar sus motivaciones y a volver al fundamento del Reino: servir con amor, caminar en humildad y confiar en que Dios es quien exalta a Su tiempo.
Porque en el Reino de Dios, servir no es perder… es ganar lo eterno.
Llamado Final
Este llamado es una invitación a volver al corazón del liderazgo que Jesús estableció. En un mundo marcado por la competencia, la confrontación y el afán de protagonismo, el Reino de Dios sigue levantando siervos fieles, hombres y mujeres que lideran desde el servicio y no desde la imposición.
Que cada líder, ministro y creyente examine su corazón delante de Dios y renueve su compromiso de servir con humildad, amor y obediencia. Que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras, y que nuestro liderazgo refleje al Cristo que sirvió hasta dar Su vida.
Porque en el Reino de Dios, servir no es debilidad: es autoridad espiritual.



