
En medio del ruido de una sociedad cada vez más acelerada, la Semana Santa corre el riesgo de perder su esencia. Para muchos, se ha convertido en un simple período de descanso, turismo o desconexión, dejando de lado su profundo significado espiritual.
Sin embargo, este tiempo representa uno de los momentos más trascendentales de la fe cristiana: la conmemoración de la muerte y resurrección de Jesucristo, fundamento de la esperanza y la redención del ser humano.
El reciente llamado del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE), a través de su presidente, Feliciano Lacen, no solo es oportuno, sino necesario. En un contexto marcado por el debilitamiento de los valores, la violencia social y la desconexión espiritual, se hace urgente un alto colectivo que permita a las familias reencontrarse con lo esencial.
No se trata de cuestionar el descanso, sino de redefinir su propósito. El verdadero reposo no es solo físico, sino espiritual. Es en la reflexión, en el recogimiento y en el acercamiento a Dios donde el ser humano encuentra dirección, paz y sentido.
La Semana Santa debe ser vista como una oportunidad para revisar la condición del corazón, fortalecer la fe y retomar valores fundamentales como el amor al prójimo, el perdón y la solidaridad.
Más allá de una tradición cultural, este tiempo invita a una decisión personal: continuar en la rutina superficial o responder al llamado profundo de Dios.
Porque al final, no es la fecha la que transforma, sino la disposición del corazón.



