
Si realmente hemos conocido a Cristo, no podemos seguir viviendo como antes. La vida del hombre sin Dios está corrompida por deseos engañosos: orgullo, envidia, celos, arrogancia, y pasiones del mundo que lo llevan a la ruina (Efesios 4:22). Pero Dios, en Su amor y misericordia, nos ha dado un camino de transformación: despojarnos del viejo hombre y ser renovados en nuestra mente por el Espíritu Santo (Efesios 4:23-24).
Este es un llamado urgente. No podemos vivir con un pie en el mundo y otro en el Reino de Dios. La cruz no es solo el símbolo de nuestra fe, es el camino a la verdadera vida. Allí crucificamos nuestra carne, renunciamos a lo que nos separa de Dios y abrazamos la justicia y la santidad de la verdad (Gálatas 2:20, Romanos 6:6).
Hoy, Dios te llama a tomar una decisión: seguir viviendo en la carne o ser transformado por el Espíritu (Gálatas 5:16-17). No basta con decir que creemos en Cristo, debemos andar en Él, caminar en el Espíritu y manifestar Su carácter (Gálatas 5:25, Colosenses 3:10). El tiempo es corto, y la venida del Señor está cerca (Mateo 24:44). Es momento de despojarnos del viejo hombre y vestirnos del nuevo, creado por Dios para Su gloria (2 Corintios 5:17).
No vivas en la apariencia de la fe, vive en la realidad del Espíritu. Hoy es el día para entregar todo a Cristo y dejar que Él haga de ti una nueva criatura (Romanos 12:2).
Ora así: «Señor, renueva mi mente y mi corazón. Ayúdame a crucificar mi carne y a vivir según Tu Espíritu. Quiero reflejar Tu justicia y santidad. Hoy decido seguirte con todo mi ser. En el nombre de Jesús, amén.»