
Cada nación, cada pueblo y cada generación tiene un lugar específico en el plan soberano de Dios. Ningún país está fuera de Su mirada, ni excluido de Su propósito eterno, aunque atraviese tiempos de crisis, sacudimiento o dolor. Dios diseñó a cada pueblo con amor y sabiduría, y Su intención nunca ha sido el abandono, sino la restauración.
En medio de los desafíos globales, Dios ha preservado un remanente fiel en todas las naciones. Hijos e hijas que claman, oran e interceden día y noche por la intervención divina. Este remanente no es pequeño ni débil; es una fuerza espiritual poderosa que, muchas veces en silencio, sostiene a las naciones en sus momentos más oscuros.
No estamos solos. En distintas partes del mundo hay creyentes levantando un mismo clamor: avivamiento, paz, justicia y regreso al corazón de Dios. Cuando uno ora, muchos se unen en el espíritu. Cuando una nación gime, otra intercede. Así se cumple el diseño del Cuerpo de Cristo, unido más allá de fronteras y banderas.
La Palabra nos recuerda que Dios no ha perdido el control de la historia:
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes —declara el Señor— planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).
Aun cuando la tierra parece herida, Dios sigue llamando a Su pueblo:
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
Nada escapa a Su propósito redentor:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).
Llamado a Orar
Hoy reiteramos lo que afirmamos al cerrar el año: el mejor regalo que podemos dar es una oración. Invitamos a cada lector a unirse en intercesión, declarando que el propósito de Dios prevalecerá sobre toda dificultad, que Su voluntad será establecida y que Su gracia cubrirá a las naciones.
Que recordemos quiénes somos en Él y a quién pertenecemos.
Que no olvidemos que Dios sigue restaurando lo que parece perdido.
Gracia y Paz.



