
Dios siempre ha buscado personas dispuestas a interceder, a ponerse en la brecha por su pueblo, clamando con fervor para que la misericordia prevalezca sobre el juicio. En Ezequiel 22–30, el Señor expresa su dolor al no encontrar a nadie que levantara un muro espiritual para interceder por la tierra. Esto nos muestra cuán crucial es la oración intercesora y cuán valiosa es la disposición de un corazón que ora por los demás.
El apóstol Pablo, en 1 Timoteo 2-1, nos exhorta a elevar plegarias, oraciones y acciones de gracias por todos los hombres. Esto incluye no solo a nuestros seres queridos sino también a los gobernantes, a quienes sufren, e incluso a quienes no conocemos. Nuestra oración tiene poder para cambiar situaciones, tocar corazones y traer luz donde hay tinieblas.
Hoy, más que nunca, Dios sigue buscando intercesores. ¿Responderemos a su llamado? ¿Nos pondremos en la brecha para clamar por nuestra nación, por nuestras familias y por aquellos que aún no han conocido Su gracia? Que nuestro clamor se levante como un incienso agradable ante Su presencia, creyendo que Él escucha y responde con amor y justicia.
Señor, enséñanos a interceder y a ser fieles en la oración.
Que nuestra voz se alce en favor de la tierra, para que Tu misericordia se derrame y Tu gloria sea vista en medio de las naciones. Gracia y Paz,!!