Voz del Tabernáculo

Purificamos Señor, y seremos limpios

El salmo 51-7 expresa el anhelo profundo de un corazón arrepentido que busca la purificación divina. David, en su oración, reconoce que solo Dios tiene el poder de limpiar su alma y restaurarlo completamente.

El hisopo, una planta utilizada en los rituales de purificación en el Antiguo Testamento, simboliza la limpieza espiritual que solo Dios puede otorgar. No es una limpieza superficial, sino una transformación interior, un renuevo del espíritu que nos deja más blancos que la nieve.

En nuestra vida diaria, podemos sentirnos manchados por errores, caídas o situaciones que nos apartan de la santidad de Dios. Pero el amor del Señor nos ofrece la oportunidad de ser restaurados. Cuando nos acercamos con un corazón sincero y humilde, Él nos lava con su gracia y nos hace nuevos.

No importa cuán profundo creamos que hemos caído; el poder de Dios es mayor que cualquier mancha. Su sangre nos purifica y nos devuelve la paz.

Señor, purifícame con tu amor. Lávame con tu misericordia y hazme más blanco que la nieve. Que mi vida refleje tu gloria y que mi corazón sea renovado en tu presencia. Dios es fiel para limpiar y restaurar a quien se acerca con un corazón sincero. ¡Confía en su poder. Gracia y Paz.

Margarita García

Margarita García

Directora del Tabernáculo Prensa de Dios

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