
Así dice el Señor a la República Dominicana:
“No te di nombre para que lo olvidaras,
ni te di bandera para que la dejaras caer.
Te establecí con sacrificio, con fe y con responsabilidad.
En tiempos de confusión y sacudidas, el llamado no es al ruido,
es al orden.
No es al temor,
es a la memoria.
Cuando una nación recuerda sus fundamentos,
Dios afirma su identidad.
Cuando honra el sacrificio de sus padres,
Él preserva su futuro.
Hoy la voz que se levanta no es de confrontación,
es de convocatoria:
volver a los principios,
hacer patria cada día,
y guardar la herencia recibida.
Bienaventurada la nación que escucha a tiempo
y no menosprecia su origen.
La Voz del Tabernáculo
Tabernáculo Prensa de Dios