
La Semana Santa no fue diseñada por Dios como una pausa para el entretenimiento, sino como un tiempo para recordar el precio de la cruz.
La Palabra nos recuerda:
“Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento” (Joel 2-12).
Hoy, mientras muchos se preparan para salir, distraerse o simplemente desconectarse, el cielo sigue haciendo un llamado silencioso pero urgente: vuelvan a Mí.
El sacrificio de Cristo no fue un evento histórico más. Fue una entrega viva, un acto de amor eterno:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
Este es tiempo de detenerse…
de examinar el alma…
de volver al lugar secreto donde Dios habla.
Porque está escrito:
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5).
Mientras el mundo celebra, el Espíritu Santo confronta.
Mientras muchos descansan, Dios llama a despertar:
“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14).
No dejemos que esta Semana Santa pase como una más.
No cambiemos lo eterno por lo momentáneo.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:6).
La cruz sigue siendo el punto de encuentro.
Y el altar… sigue esperando.