
“Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz.: Lucas 1:79
Hoy levantamos una voz clara en medio de un mundo agitado:
¡La paz de Dios no ha perdido su poder!
Aunque la paz natural que antes se respiraba parece desvanecerse, aunque el temor, la incertidumbre y la confusión intenten gobernar los corazones, hay una verdad que permanece firme:
Dios sigue guiando a Su pueblo por camino de paz.
No estamos llamados a vivir turbados.
No estamos destinados a caminar en las tinieblas.
Hemos sido alcanzados por una luz que no se apaga.
Esa luz es Cristo, quien vino no solo a alumbrar, sino a dirigir nuestros pasos, a afirmarnos, a sostenernos en medio de cualquier sombra.
Pero hoy el Espíritu nos alerta:
Cuidemos la sustancia de la paz.
No la cambiemos por ansiedad.
No la entreguemos por afanes.
No la dejemos diluir por las voces del mundo.
Porque la paz de Dios no es superficial.
Tiene profundidad.
Tiene raíz.
Tiene sabor eterno.
Es una paz que se cultiva en la oración,
que se fortalece en la fe,
y que se sostiene en una relación viva con el Padre.
Hoy, como pueblo, somos llamados a preservar esa paz y a manifestarla.
A ser luz donde hay oscuridad.
A ser dirección donde hay confusión.
A caminar firmes, aunque todo alrededor parezca inestable.
Que no se pierda en nosotros lo que el cielo ha depositado.
Que no se enfríe lo que Dios encendió.
Porque si Él nos llamó a caminar en paz,
es porque esa paz es posible, es real y es eterna.
¡Avancemos, entonces, guiados por Su luz…
y afirmados en el camino de la paz!
Hoy también levantamos una voz de gratitud, porque Dios sigue abriendo puertas, proveyendo y mostrando Su fidelidad. Él es quien suple cada necesidad, quien bendice, quien sostiene y quien honra la fe de Su pueblo.
Damos gracias por Su provisión, por cada puerta abierta y por cada milagro visible e invisible. ¡A Él sea toda la gloria!