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La Semilla que Dios Me Entregó en el Altar

En la madrugada, el Señor me permitió ver en visión una congregación internacional, unida en alabanza, adoración y en la exposición de Su Palabra. En medio del culto, el Apóstol proclama con autoridad:

“Es tiempo de brincar y seguir en fe.”

En ese instante, comenzó un cántico que encendió el ambiente espiritual, recordando aquella verdad eterna que el Señor declaró en el Evangelio de Mateo 17:20:
que si tuviéramos fe como un grano de mostaza, nada nos sería imposible.

Toda la congregación se levantó, y con gozo y alegría comenzamos a entonar este canto. No era solo una alabanza… era una activación. Era el cielo afirmando que la fe, aunque pequeña, sigue teniendo poder cuando está viva en Dios.

Al terminar, el ministro tomó el micrófono, me señaló y dijo:

“Ven al altar, quiero regalarte ese granito de mostaza para que sigas orando y creyendo.”

No fue solo un gesto… Fue una impartición.

Ese grano de mostaza representa lo que Dios ya ha depositado:
una fe que no depende de lo visible, sino de lo eterno.
Una fe que, aunque parezca pequeña, tiene el potencial de crecer, echar raíces y dar fruto en su tiempo.

Hoy el Espíritu nos recuerda:

🔹 No menosprecies lo pequeño
🔹 No abandones lo que comenzaste en oración
🔹 No te detengas por lo que aún no ves

Porque la fe verdadera no se mide por su tamaño, sino por su permanencia

Declaración Final
Señor, recibimos la semilla que Tú nos entregas.
Danos la gracia para cuidarla, regarla en oración y sostenerla en fe,
hasta ver el cumplimiento de cada una de Tus promesas.

En el Nombre de Jesús. Amén.

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