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La Mente de Cristo: Humildad que Conduce a la Gloria

En estos últimos años, la iglesia evangélica hispana ha sido fortalecida por una renovada atención a la sana doctrina y una recuperación de la teología reformada. Me refiero a una teología cuyo propósito es llevarnos a glorificar a Dios y gozar de Él de manera que nuestras vidas contribuyan a la edificación de la iglesia y el bien de la sociedad.

Sin embargo, debemos reconocer un peligro en medio de esta recuperación doctrinal. Tanta información disponible también se convierte en un terreno fértil para las disputas interminables, las vanas palabrerías y el orgullo. Esto es una verdadera mancha para el fortalecimiento de la sana doctrina.

Hacia una buena teología
El peligro latente de las discusiones vanas nos recuerda que una teología que no tiene como propósito la aplicación y la práctica, no puede ser una buena teología. Al mismo tiempo, una teología práctica debe contar con una base teórica que exprese los fundamentos doctrinales de la fe cristiana. En resumen, una buena teología es siempre teórico-práctica.

En este punto, necesitamos definir entonces qué es teología. Hay muchas maneras de hacerlo, pero considera esta definición sencilla: la teología es la ciencia de conocer a Dios en Cristo con corazones llenos del Espíritu Santo. Es el arte de vivir sabiamente para la gloria de Dios en el contexto donde nos encontramos.

La teología es el arte de vivir sabiamente para la gloria de Dios en el contexto donde nos encontramos

Esto es posible solo porque Cristo vino a vivir y morir para que pecadores como tú y yo podamos gozar de Dios —en el poder del Espíritu Santo— hoy y por toda la eternidad. Ese es el evangelio: lo que el Dios trino ha hecho, hace y hará por un pueblo compuesto por gente de todas las tribus, lenguas y naciones. ¡Esto debe ser confesado y celebrado por los cristianos!

Confesar y celebrar
Es una tremenda alegría ver a distintas iglesias cristianas evangélicas a lo largo de América Latina redescubriendo, confesando y enseñando las verdades bíblicas que han sido expresadas y defendidas a lo largo de la historia de la iglesia.

Por ejemplo, es interesante ver cómo la doctrina contenida en el Credo de Nicea es abordada en el ambiente evangélico en libros, artículos y conferencias. Esto es uno de los frutos de este renovado interés. No solo estamos reflexionando sobre la salvación de Dios, sino también sobre el Dios que salva.

Dicho de otra manera, la iglesia bíblica hispana no solo confiesa que somos justificados por medio de la fe, sino también que el Dios que nos justifica es el Dios trino. El Padre es quien envía a Su Hijo para vivir, morir y resucitar por nosotros. El Padre y el Hijo son quienes envían al Espíritu Santo para unirnos a Cristo y aplicar en nosotros todas las bendiciones de la redención.

Este es el corazón de la actual recuperación de la sana doctrina: una cristología profundamente trinitaria. ¡Soli Deo gloria! Solo a Dios sea toda la gloria por este crecimiento de la iglesia hispana. Sin embargo, creo que es importante ir más a fondo.

Nuestra adoración a Dios será más profunda no solo cuando recuperemos y confesemos la sana doctrina, sino también cuando celebremos las verdades que confesamos.

Humildad: marca y necesidad de todo creyente
¿Cómo podemos celebrar la verdad de que nuestro Salvador, siendo «verdadero Dios de Dios verdadero», tomó una naturaleza humana? ¿De qué manera podemos expresar nuestra honra al Dios uno y trino?

Si bien podemos dar muchas respuestas a estas preguntas, quisiera proponer una que considero importante ante el peligro de caer en disputas interminables: Viviendo en humildad.

Al inicio mencioné que la teología es «teórico-práctica». Pues bien, esa idea no es mía y no es nueva. De hecho, forma parte de la rica tradición reformada. El teólogo holandés Petrus van Maastricht se refería a la teología como la doctrina de vivir para Dios en Cristo, tanto en términos teóricos como prácticos. Para van Maastricht, el estudio de la teología era vital y, por lo tanto, el conocimiento adquirido no podía quedarse en algo que «solo se preocupa por el cerebro y que no penetra al corazón».

En otras palabras, los estudiantes de teología debemos tener un «estudio experimental de la teología, en la cual no solo entendemos, sino que también experimentamos la fuerza y eficacia de cada encabezado teológico». De esta manera, seremos un ejemplo en fe y en práctica para otros.

La humildad es la mismo tiempo la marca y la necesidad de todo creyente que busca conocer más de la sana doctrina

Al exponer la doctrina de la humillación del Mediador, van Maastricht señalaba que esta doctrina debería animarnos a la humildad en toda nuestra manera de vivir. Esto incluye, por ejemplo, la humildad respecto a la voz y los discursos. Estos deben ser sin grandilocuencia (Jud v. 8) ni charlatanería. También a la humildad en los gestos y en nuestro comportamiento diario.

Al cultivar la humildad «seremos hechos más y más semejantes a Cristo», lo que nos llevará a alcanzar la «tranquilidad de alma».

La humildad es, al mismo tiempo, la marca y la necesidad de los verdaderos estudiantes de teología y de todo creyente que busca conocer más de la sana doctrina. ¿Por qué? Porque el verdadero teólogo se encuentra unido al Hijo de Dios, quien tomó una naturaleza humana para humillarse hasta el punto de morir la peor de las muertes, para dar salvación a un pueblo compuesto por todas las tribus, lenguas y naciones (Fil 2:5-11).

Medita en esta verdad. El cristiano está unido al que se humilló hasta lo sumo. Por lo tanto, la humildad debe ser una realidad en la vida de aquellos que confesamos que nuestro Salvador es completamente Dios y completamente hombre. Esto significa que aquellos que queremos honrar la fe que confesamos, debemos revestirnos de humildad al aprender, meditar, enseñar y servir en nuestras iglesias locales.

Humildad para toda la vida
Por eso concluyo que, una clara señal de que estamos recuperando correctamente la sana doctrina es que esta se refleja en vidas humildes.

Una cosa es leer sobre la doctrina de la humillación de Cristo en Su encarnación, y otra es que, a partir de esta doctrina, resolvamos vivir en humildad y en comunión con Aquel que se humilló hasta lo sumo. Una cosa es leer sobre lo que significa que Cristo haya sido enviado por el Padre para asumir una naturaleza humana, y otra es que, a partir de esto, nosotros asumamos la importancia de ser enviados en humildad para hacer más discípulos de Cristo por la capacitación del Espíritu.

Una clara señal de que estamos recuperando correctamente la sana doctrina es que esta se refleja en vidas humildes

Necesitamos humildad para aprender y enseñar teología. Humildad para comunicar teología en diversos medios y plataformas. Necesitamos revestirnos de humildad en todas las áreas de nuestra vida. Que sea una virtud presente en nuestros quehaceres diarios, que se refleje en la intención de lo que publicamos en las redes sociales. Que la humildad impregne nuestros rostros, actitudes y formas de resolver conflictos en nuestras familias e iglesias. Que la humildad de Cristo nos lleve a vivir en unidad con otros hermanos de otras iglesias (y denominaciones) que también confiesan y celebran las verdades bíblicas primarias.

Déjame terminar con unas palabras de van Maastricht:

No es una verdadera teología, y una persona no es un verdadero teólogo —y por lo tanto, no es un cristiano genuino— quien en su hablar o actuar, hace de la teología y de la religión cristiana el arte de conocer y disputar, mientras que al mismo tiempo ignora y descuida el conocimiento práctico de vivir, y es uno que tiene meramente las palabras de los santos, pero no tiene sus vidas.

Te invito a reflexionar: ¿en qué áreas de tu vida piensas que debes menguar para crecer en humildad? ¿De qué manera la contemplación de la gloria de Cristo nos lleva a vivir en humildad delante de Dios y de otros?

El llamado de Pablo sigue siendo vital para cada cristiano: «No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo» (Fil 2:3). Por lo tanto, oremos pidiendo a Dios que la humildad verdadera sea una marca de nuestras vidas y la recuperación doctrinal en nuestros países.

 

Fuente:
Israel Guerrero

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